Temas por leer en esta sección

  1. “Todas las cosas maravillosas” de Amalia Andrade
  2. La vida más allá del diagnóstico: Esclerosis múltiple; "la enfermedad de las mil caras"
  3. #RompiendoCreencias - ¿Hacer ejercicio por salud o por belleza? en el Portal de la ACMI: ¿Qué tengo doctor?
  4. Lo que los médicos callamos - Primera línea contra el COVID en Colombia
  5. La lucha contra los estereotipos de belleza
  6. ¿Flexitarian? ¿Y eso cómo se come?
  7. El empoderamiento a través de la Alfabetización en salud (Health Literacy)
    1. ¿Qué puedo hacer como médico para mejorar la alfabetización en salud de mis pacientes?
  8. Mindful Eating – El arte de estar presente al comer como un acto de amor propio
  9. La decisión de seguir existiendo (día de la salud mental)
  10. Conocer y ReConocer nuestro entorno
  11. Las 10 reglas doradas para hacer deporte saludablemente
  12. Reflexionar en retrospectiva para vislumbrar el futuro
    1. Mi resumen no tan ejecutivo de mi 2023, reflexiones en tinta para visualizar el 2024
  13. El Pole Dance cambió mi vida
  14. El impacto en la salud que tienen las amistades femeninas 
  15. “Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad” – Lucio Anneo Séneca
  16. El empoderamiento a través de la Alfabetización en salud (Health Literacy)
  17. Crazy Socks 4 Docs - una concientización sobre la salud mental en el personal de salud
  18. Reflexiones dolorosas sobre los sueños y la vida
  19. Desidentificarnos de nuestros sueños y resonar con nuestra esencia

"Todas las cosas maravillosas"

de Amalia Andrade

¿Por qué vale la pena vivir? Creo que es una pregunta que muchas personas poco se plantean, y si usted es uno de ellos, no sé si considerarlo afortunado de nunca haber pasado una depresión u otro trastorno mental, o considerar triste que no esté lo suficientemente atento a su vida para no haberse dado cuenta de lo importante de esta pregunta. 

Amalia Andrade, escritora caleña, quien con sus libros ha cautivado a muchas personas con su estilo light y agradable, creó un espacio espectacular con una obra de teatro interactiva con el público que se titula “Todas las cosas maravillosas” (Todas Las Cosas Maravillosas, la obra que habla de frente a la salud mental - RevistaDC | Revista DC - Distinta y Creativa). De una forma agradable, con momentos de humor, otros de reflexión y otros impactantes, duros y que hacen llorar, trata temas profundos e importantes como lo son el suicidio, la depresión, la ansiedad, y sobre todo el por qué vale la pena vivir. 

No les dañaré la obra, porque realmente se las recomiendo muchísimo, pero si quisiera compartir reflexiones y aprendizajes que me llevo. 

Hablemos abiertamente de salud y trastornos mentales

Si usted, querido lector, ha vivido en el planeta Tierra en los últimos digamos 20 años, seguramente ha vivido 2 depresiones económicas (esa que nos decían era iba ser “única en la vida” pero que nos cayó por partida doble), guerras, injusticias, y en nuestro pasado más reciente, que a todos nos afectó directamente y no dejó a nadie indiferente; LA PANDEMIA. El COVID-19 arrasó con todo lo que pensábamos como sociedad y todavía no hemos terminado de sopesar las consecuencias que tuvo para nosotros como comunidad. 

Pero algo que si hemos podido ver claritico es el incremento en trastornos mentales; la depresión, la ansiedad y los ataques de pánico se han vuelto parte de muchas de las charlas cotidianas. Si usted se siente identificado y no lo ha hablado por temor al “qué dirán”, quiero tranquilizarlo y decirle que NO ESTÁ SOLO y que más personas de las que usted cree han vivido alguna de estas emociones y experiencias poco placenteras. Así que mi consejo es háblelo y busque la ayuda pertinente (que ya en el siglo XXI no deberíamos estar con la idea que ir al psicólogo/psiquiatra es “de locos”, y que tomar medicamentos psiquiátricos es “terrible”). Aquí quiero aprovechar y hacer un reconocimiento a un programa que se ha puesto la camiseta en este tema llamado “Porque quiero estar bien”; muy recomendada su página ([Porque Quiero Estar Bien] | [Tu centro de apoyo psicológico]), con diferentes artículos sobre temas de salud mental, test para ver si uno está con alguno de estos padecimientos, y sobre todo con expertos disponibles 24/7

A pesar de esa imagen sensacionalista que nos venden las redes sociales de que la vida es perfecta (claro está, la de todos los demás menos la de uno), quiero recordarle que la vida no es un paseo en crucero viendo ballenas cantar. Si usted se ha enfrentado a algún reto, a alguna ruptura dolorosa (y no digo solo de relaciones amorosas), o a algún problema, lo felicito, está viviendo la vida y no solo sobreviviéndola. Si todo fuera fácil y bonito, tal vez ya nos habríamos aburrido todos. Y las cifras de suicidio en países “más desarrollados” respaldan esta teoría. Cuando todo está solucionado y todo pinta perfecto, la gente se aburre más y tiende a suicidarse más. Así que seamos agradecidos de haber nacido en este hermoso país, en el país del sagrado Corazón, si señores, en Colombia (aunque aquí creo que podemos sumar a varios de los países latinoamericanos, con los que compartimos varias características, e incluso con algunos otros países que no son “tan desarrollados”). En este país, en el que tenemos que guerrearla para muchas cosas nos volvemos creativos para resolver nuestros problemas de formas creativas y sacarla adelante. Es gracias a este coctel de retos a superar (porque usted puede decidir si quiere ver su vida “llena de problemas” o de “retos a superar”) que se vuelve interesante el día a día. Sin querer banalizar problemas serios y difíciles de imaginar a menos que se hayan vivido en carne propia, quiero es hacer una invitación a priorizar nuestra salud mental, pues el cuidado preventivo muchas veces puede evitar una cronificación y un empeoramiento. Y eso me lleva al segundo aprendizaje que me llevé de la obra de teatro. 

¿Por qué vale la pena vivir?

Es una respuesta muy personal, y me gustaría invitarlo a reflexionarlo. Pero le quisiera aconsejar que busque motivos que no dependan exclusivamente de cosas o personas externas. Haga una lista de las cosas que le roban una sonrisa y lo motivan a seguir vivo. Propóngase a hacer una lista variada, que mezcle aspectos cotidianos y de fácil acceso (ej. a muchos nos haría felices un viaje a las Maldivas, pero siendo realistas, pocos de nosotros tenemos eso de rápido acceso, así que ¿qué tal si un aspecto de su lista es algo fácil de hacer como comer un helado?). Sea creativo, y guarde esa lista donde la pueda seguir expandiendo, pues nosotros vamos cambiando en el transcurso de la vida y podemos seguir ampliándola. 

 

Busquen esos motivos por los cuales ustedes consideran que vale la pena vivir, y regálese la oportunidad de hablar abiertamente de sus sentimientos, que en comunidad podemos construir un espacio seguro para sanar y un mejor lugar para vivir.

 

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Adelaida
hace 2 años

Que lindo Blog mariale ❤️

Bertha
hace 2 años

He tenido muchos momentos dificiles que me han llevado a luchar para sobrepasarlos y que me permiten seguir creciendo y valorando tantas cosas hernosas y momentos especiales por los que la vida siempre vale la pena vivirla.

Plazas Andrea
hace 2 años

Que espectáculo de escrito. Gracias por la invitación a parar un poquito y reflexionar. Creo que encontrar esa lista es parte fundamental de la salud mental y emocional… y por qué no, de la felicidad

La vida más allá del diagnóstico

Un espacio maravilloso para conversaciones enriquecedoras con personas que he tenido la fortuna de conocer y me han inspirado por la forma en la que han aprendido a convivir con diferentes enfermedades, pero que no han dejado que este diagnóstico les defina o limite a llegar tan alto como han querido. 

Es un espacio para reflexionar, aprender y concientizarnos de la fragilidad de la vida, pues muchas veces llegan enfermedades sin previo aviso y nos hacen replantearnos la forma en la que hemos estado viviendo. Muchas veces son un llamado a que adoptemos un estilo de vida más consciente y saludable. 

Son historias de personas que se han vuelto una voz y ejemplo de vida para otros. Es la oportunidad para los que leamos estas historias para aprender lecciones de amor propio, autocompasión, estilo de vida saludable y sobre todo un llamado a disfrutar nuestras vidas al máximo.  

La vida más allá del diagnóstico:

Esclerosis múltiple; “la enfermedad de las mil caras”

Rogelio es mi mejor amigo; lo conozco desde el colegio y he podido ver su trayectoria a lo largo de la vida, desde hacer gimnasia olímpica en el colegio, practicar danza contemporánea en la universidad, y más recientemente ser agraciadamente poderoso en pole dance. Recibí la llamada contándome de su diagnóstico de esclerosis múltiple (EM) a finales del 2021, aclarando finalmente las preguntas de los síntomas que presentaba ocasionalmente. Afortunadamente llegó a especialistas expertos en esta enfermedad, quienes le han permitido vivir plenamente y ser un ejemplo de fortaleza y resiliencia.

Aquí va un poco de la historia.

 

M: ¿Puedes contarnos un poco qué síntomas presentaste antes del diagnóstico, por cuánto tiempo los tuviste y cómo fue el proceso del diagnóstico?

R: El diagnóstico demoró mucho. Recuerdo que los primeros síntomas empezaron hace unos 9 años. Estaba en la universidad y un día perdí el control del brazo, parecía dormido y al intentar hacer algún movimiento terminaba moviéndolo bruscamente. Adicionalmente no podía hablar bien, teniendo problemas para poder decir la “L”. En 2019 empecé a ver desenfocado, era algo sutil, pero sí podía sentir que había empeorado mi visión. Ese síntoma persiste. En 2020 empecé a presentar mareos y en 2021 empezaron ya los síntomas en forma. Empecé con adormecimiento de la piel en el abdomen, y luego se extendió de ahí hacia abajo; teniendo las piernas dormidas. Sentía cosquilleo y un hormigueo cansón. Consulté en ese momento con los médicos y me dijeron que no sabían qué tenía, así que me mandaron a hacer exámenes para descartar todo tipo de enfermedades. En el proceso duré unos 2 meses, entre citas y exámenes. Luego fueron las manos las que se durmieron, y ahí me preocupé mucho, porque yo trabajo con mis manos.

Para ese momento, viendo doble, no medía profundidad, ocasionándome un mareo horrible, y, adicionalmente, con los pies dormidos no podía caminar tranquilo, así que salir a hacer compras o tener una vida normal era imposible. Después de eso, en otra cita médica, el doctor me dijo que todavía no había diagnóstico, pero que quería mandarme una resonancia magnética nucleada (RMN) contrastada para seguir descartando otros diagnósticos.

En la RMN salieron unos puntitos blancos en diferentes niveles del cerebro. Ahí fue evidente que tenía algo, probablemente EM, así que me remitieron donde un neurólogo. Tuve la fortuna que es un médico que sabe muchísimo sobre la enfermedad. Cuando vio las imágenes me dijo que evidentemente era EM, pero me envió más exámenes para confirmar la sospecha diagnóstica. Me hicieron una RMN de cerebro y médula espinal contrastada, también una punción lumbar para poder buscar diferentes posibles causas, y me hicieron estudios con unos electrodos en el cuerpo mientras hacía diferentes ejercicios.

Con todos los exámenes llegaron al diagnóstico de EM autoinmune, por lo que decidieron iniciar una terapia inmuno-moduladora cada 6 meses, acompañándose de RMN anual. Afortunadamente el mareo y la visión podían mejorar con terapias vestibulares (para el mareo) y otras terapias para los ojos. Aún hoy en día, cuando estoy cansado y empiezo a ver mal, uso una de las terapias, que es ponerme un parche en cada ojo alternadamente y eso me permite dejar de ver doble.

 

M: Cuando recibiste la noticia, ¿cómo te sentiste y cómo reaccionaron las personas en tu entorno?

R: No me dijeron que tenía EM sino hasta después de darme un susto horrible. Después de la primera RMN me llamaron del seguro de salud y me dijeron “salieron los resultados de su examen y tiene que ir a la clínica ¡YA!, no puede ser mañana. ¡Es urgente!”. No me dijeron ni siquiera cuál era la sospecha diagnóstica, así que solamente pensaba que era que me iba a morir. Cuando me mandan la interpretación del radiólogo, decía “sospecha de esclerosis” y “enfermedad desmielinizante”, haciendo que me armara todo un peliculón en la cabeza, imaginándome que iba a terminar en una cama en poco tiempo sin poder moverme. Ya fue el neurólogo quien me explicó las cosas bien, me calmó y me cambió ese pronóstico que yo me había armado en mi cabeza, especialmente al oír el tratamiento, que ha mejorado mucho con el tiempo, permitiéndome ver que podía seguir teniendo una vida normal. Ahora soy más consciente de los síntomas y si veo que un síntoma me dura unos días, puedo ver que es por la EM y no una mala posición que tuve.

Con respecto a las personas cercanas a mí, mi mamá se estresó un poco, pero cuando habló con el neurólogo, él le dio la misma seguridad que me dio a mí y la tranquilizó. Mi papá me dijo “como te veo a tí calmado, estamos bien y no tenemos de qué preocuparnos”. Casi todos mis amigos son médicos, así que cuando les cuento saben que es una enfermedad fuerte, pero siempre se preocupan por cómo me siento yo, antes de emitir cualquier juicio, y usualmente me preguntan sobre cómo me ha ido con mi tratamiento y ya. He tenido la fortuna de estar bien apoyado, incluso en el trabajo. Y por eso me siento agradecido con la red de apoyo que he tenido. No he sentido rechazo, o que fuera un estorbo o que era mejor no tener esta enfermedad, aunque algunas veces si condescendencia.

Mis compañeros de la academia de Pole Dance, sabiendo que me mareo, me apoyan cuando estoy en el pole, cuidando que no me caiga. No sé si es curiosidad o qué, pero la gente ha estado interesada en mi enfermedad. Ha sido interesante que todos los que llegamos a mi academia de Pole Dance hemos llegado por diferentes enfermedades que tenemos, y en el grupo mi enfermedad es casi que una de las menos graves, así que entre todos nos apoyamos.

 

M: ¿Cómo te has sentido con la terapia, y cómo ha sido el tratamiento?

R: Mi único síntoma es que con la infusión me dan como alergias, entonces los antihistamínicos con las que tratan la alergia me duermen un poco, y esa semana estoy un poco más alérgico de lo normal, que lo puedo controlar fácilmente. Así que por ese lado bien.

Pero hay algo cansón, que no sé si sea algo personal mío, y es que me siempre estoy muy metido en política y me dan angustia las reformas que pueden generarse en el sistema. Si sólo fueran exámenes rutinarios no me alteraría, pero si me dan nervios que me puedan quitar mi tratamiento con alguna reforma.

 

M: Actualmente, ¿cuál es tu mayor miedo o limitante con la enfermedad?

R: Yo creo que el pole dance me ha quitado muchos miedos. Inicialmente me daba miedo subirme al pole y girarme. Yo nunca he sido muy ubicado propioceptivamente*; me ha pasado en gimnasia, que no me podía votar a hacer un mortal hacia atrás, porque no sé dónde está mi cuerpo. Viendo fotos viejas mías era triste ver todo lo que había logrado y había perdido, pero que tenía que reaprender. El pole me ha permitido mejorar todo esto (tanto el miedo a caer como habilidades que tenía previamente y pensaba haber perdido). Así que he superado miedos, sobre todo de mi cuerpo.

Hay una limitante que me pongo a mí mismo. Pensando en el peor caso, poco probable, en el que me levante y no me pueda mover, pero soy consciente que necesito un trabajo en el lugar donde resido, para que me paguen la salud. Porque si trabajo remoto, simplemente se “desharían” de mí y no me cubrirían la salud. Y otra limitante que me imagino yo, aunque no he investigado qué tan real es, es si en un futuro deseo emigrar a otro país, las limitantes en el cubrimiento de la enfermedad (por ser enfermedad de alto costo) que pueda ponerme ese país al que deseo viajar.

* Propiocepción es la capacidad que tiene nuestro cerebro de saber la posición exacta de todas las partes de nuestro cuerpo en cada momento

 

M: ¿Qué papel ha tenido el Pole Dance en todo este proceso?

R: Hay varias cosas lindas que han pasado con el Pole Dance. Quitarme miedos, porque me ha devuelto capacidades que había perdido; me ha permitido darme cuenta de que sí puedo hacer cosas que antes podía, y que, a pesar de no haber podido durante unos meses, no significaba que ya nunca más podría. También la comunidad polera y el apoyo mutuo que nos brindamos; si alguno no puede, nos ayudamos para que todos podamos progresar, incluso cargándonos el uno al otro para que logremos el objetivo.

Hay algo muy importante que he vivido con el pole y ha sido la oportunidad de empezar con el duelo de la enfermedad. Cuando me diagnosticaron me dijeron que debía ir a “terapia psicológica por duelo”, pero lo dejé archivado y lo ignoré, porque me sentía bien y tranquilo. El duelo tiene diferentes fases y yo empecé por la aceptación, pero naturalmente iba a pasar por todas y el pole me ha permitido sentir y hacer duelo de esa rabia y tristeza que he sentido en el proceso. Luego si empecé a ir a psicología y también me ha ayudado mucho.

Yo conocí en pole a una mujer con esclerosis múltiple y ella está mucho peor que yo (no ve por un ojo y no siente nada en la espalda), pero ella sigue haciendo pole sin ninguna limitación. Conocerla me permitió poder hablar de síntomas que hemos tenido en común; cosas que compartíamos en el entrenamiento y pudimos entender qué sentía el otro. Por ejemplo, si yo flexiono el cuello, siento corrientazos en todo el cuerpo. Yo sentía que era normal, por falta de flexibilidad en el cuello, porque lo sentía desde los 19 años cuando empecé a bailar, pero resultó que era parte de la enfermedad.

 

M: Por último, ¿qué mensaje te gustaría enviar a las personas que tienen la enfermedad o que tienen a alguien cercano con la enfermedad?

R: A las personas cercanas a alguien con la enfermedad, yo creo que un mensaje importante es, hablando por mí, que el mejor apoyo que uno puede recibir es “no me tengas pesar; no seas condescendiente, pero entiende que tengo necesidades diferentes, déjame descansar si lo necesito”. Paciencia mas no condescendencia. Es poder empatizar con la enfermedad, brindando la seguridad de que estás ahí para adaptarte a sus necesidades y estar dispuesto a ayudar con lo que necesite. La condescendencia no es que me ofenda, pero si me mete más en una discapacidad que no tengo.

A las personas con la enfermedad les digo que hay cosas que uno siente que son difíciles de explicar, que nadie más lo entiende, pero que hay gente que lo siente y te entiende. Es de paciencia, de mucha paciencia. Es un juego de paciencia; tal vez mis síntomas se van a quitar en 1 año, dándole a la terapia y al tratamiento. No es algo que si me estreso o si me acelero lo pueda solucionar más rápido. Y muchas veces, casi sin darte cuenta verás el progreso que has hecho. Cuando empecé con el pole decía todo el tiempo “me caigo”, pero ahora llevo un mes sin decirlo, después de 1 año de haber empezado con pole.

Y otra cosa que me parece valida es si por cualquier razón, por cualquier síntoma uno quiere sentarse o descansar (sentarse en el transporte público y no ceder la silla a pesar de ser joven, o pedir una silla de ruedas en un centro comercial), hacerlo y priorizarse a uno. No avergonzarse de las necesidades que uno tiene. Es muy típico machista que uno aguante hasta que se muera, y no tiene por qué ser así. Tranqui, puede ser que necesites una ayuda y son cosas básicas que uno no tiene que negarse porque alguien sin EM de tu edad tal vez no lo necesite. Está bien necesitar apoyo.


Espero que les haya gustado, que les sirva la información, y que el mensaje de autocompasión y amor propio también les llegue al corazón. 

Si quieren leer más sobre la enfermedad, les recomiendo estas páginas: Multiple sclerosis - Symptoms and causes - Mayo Clinic, ¿Qué es la esclerosis múltiple? | National Multiple Sclerosis Society (nationalmssociety.org) e Información sobre la esclerosis múltiple | National Multiple Sclerosis Society (nationalmssociety.org)

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Plazas Andrea
hace 2 años

Que bellezaaaaaa! Ufff me llegó al corazón! Que lindo poder ver la enfermedad en un ser real, conocer su vida, sus miedos, sus aprendizajes. Gracias por compartir y hacernos más sensibles

Bertha Suárez
hace 2 años

Esa es la forma mas asertiva de ver su enfermedad y aprender a vivir con ella sin sentirse discapacitado, permitiendose una vida lo mas plena posible. No importa la enfermedad que se tenga, sino la mente positiva con que se enfrente, acepte y controle. Conocemos a Rogelio hace muchos años, lo queremos, admiramos y respetamos. Es un ser de Luz.

Olga
hace 2 años

Gracias por compartir al mundo tu experiencia y resiliencia ,eres un gran ser humano.

#Rompiendo Creencias - ¿Hacer ejercicio por salud o por belleza?

¿Qué tengo Doctor? – Plataforma de Consultas by ACMI (quetengodoctor.com) es un espacio que creó la Asociación Colombiana de Medicina Interna para la difusión de información científica, adecuada, de importancia y de fácil compresión para los pacientes. Por medio de diferentes medios se pretende una mejor educación de la población para generar mayor consciencia en problemáticas de salud importantes y el cómo poder actuar para llevar una vida más saludable.

Me siento muy feliz de poder participar en un proyecto como estos y aquí les comparto el primer tema que trabajé sobre cómo lograr integrar el hábito de la actividad física en nuestras vidas.

Empezar con un nuevo hábito siempre es difícil, y por eso es que en este texto se dan recomendaciones de cómo empezar para poder lograr beneficios a largo plazo, todo un paso a la vez. Porque más allá de volverse profesional en alguna disciplina, el objetivo es disfrutar y celebrar nuestro cuerpo y todo lo que puede hacer por nosotres.

Las metas de tiempo e intensidad que recomienda la Organización mundial de la salud se irán alcanzando con el tiempo, pero siempre es importante recordar que hacer algo de actividad física es mejor que no hacer nada. Así que todo se trata de la auto-compasión que tengamos con nuestro proceso y la disciplina que pongamos en crear un beneficio que en el futuro agradeceremos.

Eliminemos de nuestras vidas las críticas destructivas, ya sea desde los mensajes que se reciben en redes sociales, sea en gimnasios que miden y pesan para “determinar el progreso” o que envían mensajes peso-centristas como “este ejercicio es para tener el beach-body” o “ánimo que con esto bajarás ese gordito”, sea incluso desde el tener una conversación con quienes nos rodean pidiéndoles que “del cuerpo ajeno no se habla”, o incluso sea desde el cambiar el discurso que nos damos mentalmente.

Cambiando la perspectiva que tenemos con el ejercicio y la alimentación podremos disfrutar de la vida misma. Cambiando los mensajes que nos damos y le damos a otres podemos hacer la diferencia. ¿Qué tal si en vez de hacer mención al peso mandamos mensajes como “qué feliz/lleno/a de energía te ves desde que haces ejercicio”?

Considero de vital importancia desmitificar a la actividad física, abriéndole espacios para que cada quien encuentre en el deporte los beneficios no solo físicos, sino mentales y psicológicos que realmente viene a regalarnos el mover nuestro cuerpo. El deporte no es para tener un cuerpo perfecto, como el que nos venden las redes sociales, sino para tener un cuerpo sano en todas las dimensiones que tenemos como seres humanos.

En el siguiente link pueden leer el texto: 

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Lo que los médicos callamos 

Primera línea contra el COVID en Colombia

Desde hace días he estado dándole vueltas a hablar del tema del COVID y del impacto que tuvo en el personal de la salud esta crisis. Las controversiales declaraciones que hizo el Ministro de Salud, el Dr. Guillermo Alfonso Jaramillo, sobre el COVID en Colombia diciendo que “aquí montaron un negocio con el COVID y triplicaron las camas de unidades de cuidados intensivos, ahí estuvo uno de los grandes negocios y nadie dijo nada, en nuestro departamento abrieron unidades de cuidado intensivo como si hubieran abierto cualquier tipo de droguería”, generaron una gran ola de respuestas de diferentes gremios médicos, y por eso quiero aprovechar el momento para también hablar del tema.

Habiéndome graduado a mediados del 2019 como médico general, llevaba poco tiempo ejerciendo en un servicio de urgencias, cuando se empezaron a oír las noticias sobre ese nuevo virus que estaba atacando China. Inicialmente se creía que era “solo una gripita”, pero con el tiempo se fueron filtrando noticias que mostraban la crisis que se nos venía encima. Recuerdo muy bien el día que el SARS-CoV2 llegó a Italia, pues un compañero de urgencias nos dijo “habiendo llegado a Italia, con vuelos directos a Colombia, pronto llegará acá”. Y al poco tiempo, el 6 de marzo de 2020 recibimos la noticia del primer caso de Coronavirus en Colombia. Las alarmas internas de miedo se prendieron instantáneamente en todos nosotros y a todas las clínicas les tocó adaptarse para poder enfrentarse a esta nueva enfermedad, de la que especialmente en un inicio tan poca información se tenía. Nos iban diciendo cómo manejarla a medida que iban conociéndose experiencias en los diferentes puntos de atención internacionales, pero todos estábamos en la misma oscuridad.

El miedo siempre estuvo presente en la población, y el personal de salud no fue la excepción. Llegar a casa y desnudarse en la puerta para bañarse, usar tapabocas N95 o incluso máscaras full-face, recordatorios para cada cierto tiempo lavarnos las manos minuciosamente, fueron medidas que se volvieron parte de nuestra cotidianidad. Las áreas restringidas para atención de pacientes COVID, que progresivamente tuvieron que irse ampliando hasta que ya no teníamos ni dónde acomodar tantos pacientes. La incoherencia de recibir aplausos a las 8 pm por “ser héroes” pero simultáneamente ver ejemplos de discriminación que presentó el personal de salud, que iba desde ser rechazados para tomar servicios de transporte público hasta amenazas de muerte en sus hogares si no se mudaban.

Cada ola de COVID era peor que la anterior… La primera ola se caracterizó por pacientes que elegían seguir trabajando, sabiendo que eran el único sustento económico de sus hogares, y de personas que subestimaban el riesgo del COVID, pensando que las COVID-Parties eran la mejor opción para “salirse de una vez de eso” pensando que “eso sólo da una vez en la vida”. La segunda ola se dio en época navideña, donde la gente, no pudiendo romper las tradiciones de reuniones familiares en las fiestas, terminaban contagiando a gran número de pacientes, especialmente de edad mayor, y no era raro ver a varios integrantes de una familia luchando simultáneamente por sus vidas. La tercera ola también fue desgarradora, por la gran cantidad de pacientes que llegaban y no teníamos dónde acomodarlos. En áreas que usualmente estarían diseñadas para acomodar 13 pacientes, a veces debíamos acomodar hasta 70 personas, y teníamos la angustia constante de ver cómo hasta el oxígeno que tantos necesitaban se nos agotaba.

Cada día era arrollador emocional y físicamente. Los trastornos de sueño, ansiedad y depresión se convirtieron en ese demonio silencioso del que la gran mayoría del personal de salud sufría, pero poco se discutía. Fuimos educados en un sistema que nos hace pensar que los médicos no pueden estar enfermos, que tenemos que dar nuestras vidas por esta profesión, y que siempre tenemos que estar dispuestos a servir al otro. Todo esto genera gran cantidad de estrés en un personal que intenta salvar tantas vidas como pueda a pesar de las restricciones de recursos con los que cuenta y bajo la mirada acusadora de varias personas que consideraban que “a cada profesional de la salud se le pagaba por cada diagnóstico de COVID que hacía y que por eso les médiques se inventaban que les pacientes tenían Coronavirus con tal de verse remunerades económicamente”.

Recuerdo bien un día, algo después de la cuarentena obligatoria que tuvimos en Bogotá, que mi jefe se me acercó y me dijo “María Alejandra, la Secretaría de Salud mandó felicitarte por una historia clínica que hiciste”. Me sorprendió y me puse a pensar con mi compañera de turno el por qué me estaría felicitando la Secretaría de Salud por una historia, cuando en realidad suelo usar una estructura muy similar y no suele haber nada relevantemente diferente que valiera la pena ser notado por la entidad. Me averigüé cuál paciente había sido el que había llamado la atención y cuando entré a ver su historia recordé la época de la cuarentena obligatoria en Bogotá… Tenía turno y estaba vestida con todo el atuendo COVID, y fui a ver un paciente que me dijo que su motivo de consulta era “mareo”. Como ese no es que fuera un síntoma por el que usualmente mandaran a alguien a la Zona COVID, seguí indagando hasta que llegué a que el caballero tenía una gripa, y que se había contagiado en una fiesta de cumpleaños en la que había estado hace pocos días. Su respuesta cuando yo, algo molesta, le dije que estábamos en cuarentena obligatoria y que no se podían hacer reuniones sociales, fue que "¿cómo no iba a ir a la fiesta?" Fueron varias cosas que dijo las que terminaron sacándome la piedra, así que pasiva-agresivamente escribí varias veces en su historia clínica “el paciente, rompiendo la cuarentena obligatoria impuesta por el gobierno nacional…”. Esto terminó llamando la atención de la Secretaría de Salud. Sí, me gané una felicitación el extraordinario día que un paciente logró sacarme la piedra por ser irresponsable e inconsciente; por esos comportamientos por los que tantas personas del personal de salud teníamos que trabajar hasta caer rendidos en una crisis que parecía no tener final. Pero terminando la historia de este señor, les cuento que cuando le dijimos que sus laboratorios y radiografían eran muy sugestivos de COVID, pero que se confirmaría en unos días cuando nos llegara la prueba de PCR, el señor llamó a su hijo a decirle que nos estábamos inventando el diagnóstico para recibir dinero. El señor terminó al poco tiempo intubado en la Unidad de Cuidados Intensivos, y al final terminó falleciendo por COVID-19.

Historias como estas nos demuestran que la irresponsabilidad y subestimación de la crisis que significó la llegada del COVID terminó causando muertes. Pero gracias a las medidas de contingencia que se generaron en todo el país logramos salvar a muchas más personas que en países que no se tomaron al Coronavirus en serio. El problema es que sin importar los cuidados que brindáramos los médicos, cuando la población no es lo suficientemente consciente para protegerse a sí misma y a quienes están a su alrededor, la ola de pacientes que desbordan cualquier sistema termina causando un desastre. A diferencia de los servicios de urgencias, donde llegamos a tener hasta un 400% de SOBREocupación, las Unidades de Cuidados Intensivos no sirven igual que el resto de un hospital, pues las camas y los equipos que tienen necesitan ciertos requisitos de espacio y personal. Es por eso que no fue ningún negocio la creación de UCI durante la crisis del COVID, sino que era la respuesta del sistema de salud para poder afrontar la alta demanda de cuidados especializados para pacientes altamente delicados. La gente suele tener miedo de las UCI y decir “es que allá la gente se muere”, o a veces incluso dicen “es que allá a la gente la matan” …. Les recuerdo que para que un paciente sea enviado a la UCI es porque YA ESTÁ MUY ENFERMO, y que su riesgo de muerte no está dado por el hecho de entrar a la UCI sino por su grado de enfermedad.

Hacemos todo para ayudarle a los pacientes, pero hay cosas que se nos salen de las manos por el simple hecho que somos humanos tratando humanos, seres mortales que (valga la redundancia) moriremos algún día. Esta realidad suele ser tan aterradora en momentos de crisis, que el caer impotente y rendido a llorar de ver tanta muerte y desolación alrededor fue otro golpe emocional al que el personal de salud se tuvo que enfrentar en estos momentos.

Cuando el cuerpo se ve sometido a un desafío se activa la respuesta corporal al estrés para poder dar el mejor rendimiento posible y superar el reto…. El problema es que cuando el estrés se prolonga esa respuesta corporal que inicialmente era provechosa, se vuelve en contra del mismo cuerpo y termina generando afectaciones físicas, mentales y psicológicas. El Burnout que sufrió el personal médico es indescriptible, y es por eso que las diferentes clínicas buscaron formas para intentar ayudar a mitigar el sufrimiento de sus trabajadores. En donde yo trabajaba el equipo de psiquiatría nos llamaba a rondas para compartir lo que sentíamos y las experiencias que estábamos viviendo. Fue el espacio para oír hablar a nuestros compañeros de los terrores nocturnos y noches en velas que han pasado, oír las historias de pacientes que les amenazaban, gritaban e insultaban cuando su paciente moría, oír los pensamientos suicidas que muchos presentaban, oír las historias de llamadas desgarradoras a familiares de pacientes que por su grupo etario inicialmente podrían ser nuestros abuelos, luego nuestros padres y luego nosotros mismos… era oír en espejo todo lo que tu estabas viviendo, pero en boca del otro. Recuerdo aún el día que estaba yendo a trabajar recién llegada a Alemania que recibí la noticia del suicidio de una de las especialistas con las que había trabajado en Colombia y sentí cómo ésto fue la gota que rebasó la copa y me destrozó el corazón recordar el riesgo que todos los que vivimos en carne propia esta crisis tuvimos, tenemos y tendremos.

Nos educaron para no llorar, no dormir, no cometer errores, pero si queremos aprender algo de la pandemia, aprendamos que la salud mental es absolutamente valiosa, que cuidar del cuidador es importante, y que el buscar ayuda no es de débiles, sino que requiere una gran valentía el exponerse vulnerable para poder sanar todo aquello que nos atormenta a cada instante.

Les comparto un post de Facebook que publiqué en junio de 2021 y algunos testimonios de médicos conocidos, hablando del dolor que vivíamos en urgencias todo el personal de salud al sentir el agotamiento continuo y la impotencia causado por la crisis del COVID

"Gracias a Dios tenía a mis hermanos que fueron mi motor durante este tiempo y me escucharon llorar, callar, gritar y orar. Llorar por los pacientes perdidos, por sus familias fragmentadas, por los hijos que perdieron a sus padres y los padres que perdieron a sus hijos; familias completas deshechas y fracturadas por esta pandemia". Después de que pasas días y noches enteras junto a tus pacientes, que les haces compañía, eres el medio de comunicación con su familia, les das las buenas noticias de casa, el feliz cumpleaños, los acompañas en sus videollamadas y te confiesan sus ganas y deseos de vivir, perderlos en medio de la batalla te fractura y te marca para siempre".  - Dra. Ochoa, urgencias, Bogotá, Colombia

"Pedro tenía más miedo a la intubación y la sedación que a la propia muerte, y de momento se negó [a ser trasladado a la UCI], aquejando que no era una decisión fácil de tomar, que por favor le diera unos minutos para decidir. Fueron dos horas en las que cada diez minutos me acerqué a la habitación número 15 sin respuesta. [...] Pasadas esas dos horas recibo la llamada de la UCI, donde me informa el intensivista de turno que Pedro ya perdió la oportunidad de la cama reservada. [...] A las 11:15pm recibo la llamada de mi compañera, quien me informa que don Pedro acaba de fallecer, que no fue una muerte tranquila, sino que al contrario sufrió, no permitió que le ayudaran con medicamentos para no sentir dolor, para no sentir tanto el ahogo, entró en desespero, se intentó parar, se llevó la mano al pecho, y, en ese instante, dejó de existir" - Dr. Gómez, UCIntermedios, Bogotá, Colombia

"Ese sentimiento que usted puede estar sintiendo en este momento, esa rabia, ira, impotencia, dolor e inconformidad, fue el que sentí ese día, quería llorar y gritar porque no podía entender cómo había estudiado tantos años para proteger la vida, cómo en la universidad me habían enseñado a trabajar con los mejores recursos y a trabajar con muy pocos pero siempre con el objetivo de proteger y salvar la vida, para que, en ese momento, en menos de una semana y a pesar de tener las herramientas no se había podido hacer nada porque ese recurso "inagotable" que damos por sentado se había acabado; no alcanzaba el oxígeno para todo el mundo, y al final, como me dijo un superior esa semana '¿quién soy yo para decidir que esa mamá es más importante que las otras 7 o 10 personas que dependen de ese mismo oxígeno y que también tienen una familia, proyectos, ilusiones e incluso más posibilidades de salir con vida de eso?'". - Dra. Ochoa, urgencias, Bogotá, Colombia

"De esta época me quedaron cicatrices personales, entre ellas ansiedad y miedo; miedo constante a perder a mis papás o a mis hermanos, a la forma en la que morirán, a estar ausente cuando más me necesiten o a estar presente pero que la impotencia no me permita reaccionar. Negar la existencia del virus y los estragos que dejó a su paso sólo por aquellas personas que no se vieron afectadas por esta pandemia es un insulto para aquellas que en un parpadear perdieron a su familia y no tuvieron la opción de dar lo mejor para y por ellos".  - Dra. Ochoa, urgencias, Bogotá, Colombia

"Esa noche entendí que ya no sería una persona enferma de una familia a la cual tendríamos que ayudar y sanar [...], sino que podrían llegar muchas personas de una misma familia igual de críticos y pidiendo ayuda, y como estaba la situación con piso lleno y ventiladores escasos por el alto volumen de pacientes, tendríamos que priorizar a cuál ventilar y pasar a la UCI, lo que sería una peor catástrofe para una sola familia. Esa noche entendí que el enemigo invisible era cruel, que poco le importaba si era abuelo, adulto o joven... podría destruir una familia entera para siempre" - Dr. Vanegas, urgencias, Bogotá Colombia

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Andrea Plazas
hace 2 años

Ufff Male, una relato muy bien logrado de lo que vivimos muchos médicos enfrentando la pandemia. La ansiedad y el miedo ocuparon nuestras mentes y corazones por muchos meses. Sabes que creo que aún estamos viviendo los estragos en salud mental que todo esto generó para todos. Gracias por siempre tocar estos temas

La lucha contra los estereotipos de belleza

 

En una sociedad que se beneficia económicamente por nuestras inseguridades, la mejor revolución es el amor propio. Así que la pregunta es ¿tenemos forma de ganarle al sistema y liberarnos de los estereotipos de belleza?

Soy mujer, y eso ha implicado que en mi vida he tenido que pensar constantemente en el cómo me veo y esforzarme por verme y ser como la sociedad lo espera. Pero en los últimos años he venido concientizándome cada vez más del “concepto de belleza femenina”, de su impacto en nuestra salud física y mental, y del costo real en nuestras vidas que tiene el querer seguir estos cánones de belleza constantemente. 

Para nadie es un secreto que aproximadamente cada década se ve un cambio en lo que se considera “bello” o “ideal” en el cuerpo de las mujeres, lo que dificulta a cualquiera poder “encajar” siempre en “lo último en moda”. Adicionalmente habitar un cuerpo de mujer hace que seamos constantemente juzgadas por nuestra existencia; desde el cómo nos vestimos, si nos maquillamos o no, nuestra forma de llevar nuestras vidas, y las cosas que hacemos o dejamos de hacer.

Hablando con amigas he llegado a notar cierto patrón de descontento por cómo somos; las de pelo liso se quieren hacer ondulaciones, las peli negras se tinturan de mono, “y del mismo modo en el sentido contrario”. Los ejemplos son múltiples, y las cirugías estéticas se han ido multiplicando, pero la inconformidad corporal persiste en el tiempo.

La pregunta importante es ¿por qué estamos constantemente insatisfechas por nuestro aspecto físico? La respuesta, creo yo, es multifactorial. Somos criadas por madres que han tenido un gran bagaje de crítica en su vida, y tienen ese chip tan metido que creo que la mayoría crecimos en un mundo en el que “me veo gorde” y el “tengo que hacer dieta” es oído frecuentemente, así como lo son comentarios que toda persona hace con respecto a los demás; ese “uy, pero que gorde está”, “se ve como una vaca” (aquí puede cambiar por una larga lista de animales como ballena, cerdo, hipopótamo, manatí, etc.), “esa ropa no se le ve bien a ese cuerpo”, entre otras múltiples frases. Así que crecemos en un mundo en el que criticarse a uno mismo y a los demás es percibido como normal. La industria y las redes sociales no ayudan de a mucho, pues siguen normalizando cuerpos que no son la generalidad sino la excepción, y nos venden esa idea de que “cualquiera podría ser así si se esfuerza lo suficiente”.

Eso nos lleva al ciclo interminable de dietas que se inventa el mercado como la fórmula mágica que nos permitirá “alcanzar ese cuerpo de ensueño” (o beach-body que suelen promocionar). La verdad, si ya se hubiese creado la “dieta mágica”, “todos estaríamos flacos” y no necesitaríamos inventarnos nada nuevo. Adicionalmente, médicamente sí ve que las dietas restrictivas lo que generan frecuentemente es un efecto yo-yo, en el que muchas veces la subida de peso es mayor a lo que se logró bajar. Se ha visto que esas subidas y bajadas de peso constantes pueden ser más dañinas en términos de salud, que mantener un peso estable a pesar de que este no esté en el “rango fit”. Por otro lado, nos lleva a los paradigmas que encasillan a las personas “flacas” de “disciplinadas, fit, dedicadas, etc.”, mientras que a las personas “gordas” las clasifica de “perezosas, irresponsables, enfermas, etc.”. Estas ideas muchas veces se dicen sin fundamentos, pues tengo varios conocidos que son flacos y sedentarios, y otros que por más ejercicio que hagan, siguen estando en la categoría de “trozudos”. Demostrándonos que en esto de la corporalidad hay un factor morfológico-genético que pesa mucho, y entre más pronto estemos dispuestos a afrontar nuestra corporalidad, más pronto estaremos tranquilos por quienes somos.

Por otro lado está “la maldición de envejecer”, especialmente fuerte para las mujeres. Por eso la industria nos persigue desde jóvenes haciéndonos creer que cada lunar, peca, estría, celulitis, cicatriz, etc. es un defecto que “tiene que ser solucionado obligatoriamente”. Yo todavía me sorprendo de saber que tengo amigas de mi edad (no tengo ni 30 años) que ya llevan buen tiempo aplicándose bótox o mini-bótox, cada vez veo en las calles más y más personas con varias cirugías, y fueron varias las veces en las que en urgencias atendí a pacientes que llegaban con complicaciones después de hacerse “el combo completo de cirugía estética”, realizado por médicos/as muchas veces con pocos escrúpulos y altas ambiciones económicas.

Viendo el panorama completo, soy consciente del gran reto que implica poder salir de estos estereotipos, pero sigo siendo fiel creyente de que podemos hacerlo, de que entre más seamos las personas que luchemos contra los paradigmas de belleza más fuerte será nuestra voz, y de que una de las mejores revoluciones que podríamos tener en este siglo es aprender a apreciar la belleza del otro desde como es y no desde el cómo “debería” ser.

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Bertha
hace 2 años

Es tan fuerte la influencia de las redes y los medios sobre "El paradigma de belleza" que muchos individuos optan por exponerse a dietas o procedimientos, independiente de los riesgos para la salud física y mental. Estoy de acuerdo en apreciar la belleza como es y no como pretenden imponerla.

Plazas Andrea
hace 2 años

Male! Espectacular como siempre. Por mi parte veo tristemente como para mujeres envejecer es castigado cruelmente. Los estándares están en las nubes y ver cómo naturalmente nuestra cara empieza a tener arrugas o nuestro cabello a ponerse canoso, es prohibido. Gracias por hablar de estos temas! De lo que pensamos pero nadie dice

¿Flexitarian? ¿Y eso cómo se come?

Mudarme a Alemania me hizo replantearme algunos aspectos de mis hábitos alimentarios. Colombia, un país ricamente ganadero y con dos mares, hace que usualmente contemos con una fuente buena de proteína animal en nuestras mesas y es bastante común el sentimiento de “sin proteína no hay almuerzo”. Por el otro lado, al llegar a Alemania nos encontramos con precios mucho más elevados en los productos animales, haciéndonos replantear por lo menos en términos económicos, si deberíamos ajustar nuestras dietas. Todo pasa por algo, y el llegar a Alemania me hizo pensar en seguir ajustando el estilo de alimentación a uno que me permitiera ayudar al planeta y hacer algo con respecto a mi preocupación por el bienestar animal, al mismo tiempo de que fuera más benéfico en términos de salud y economía propia. Amo a los animales y libros como “Sapiens” de Yuval Noah Harari (del que hablaremos en otro momento) me han hecho sentir la necesidad de ser más activa en mi interés por mejorar el bienestar animal. Una forma es disminuyendo el consumo de proteína animal (que desafortunadamente me encanta). Así que me puse a investigar un poco y llegué al concepto de la Alimentación flexitariana.

Si ustedes, como yo, nunca habían oído este término previamente, les quiero hacer una pequeña introducción a lo que se refiere este concepto. La alimentación flexitariana o semi-vegetariana se basa en un estilo de alimentación vegetariana con la inclusión ocasional de proteína animal, que se ha vuelto popular en los últimos años. No tiene una definición exacta (en términos de cuánta o qué proteína animal se incluye), pero se ha visto en algunos estudios que han realizado sobre esta tendencia, que puede ser benéfica en marcadores de salud metabólica, presión arterial, disminuye el riesgo de diabetes mellitus tipo 2 o algunos cánceres, puede ayudar en el control de enfermedades inflamatorias (ej. Enfermedad de Crohn) e incluso puede ser benéfica en control de peso corporal.

Su popularidad en los últimos años se puede deber a factores combinados entre salud, medio ambiente, preocupación por bienestar animal e incluso en factores económicos. Es una mezcla entre la concientización de dilemas éticos medioambientales y del deseo de la mejoría en el bienestar animal, con la concientización del incremento en el riesgo de ciertas patologías que tiene el consumo alto de ciertas carnes rojas (especialmente las procesadas), con el conocimiento de la importancia que tiene la carne/pescado como fuentes de proteína, grasa y micronutrientes. Por eso no los prohíbe del todo, pero si busca reducir la proteína animal en cierta medida, reemplazándolos por opciones nutricionalmente valiosas y saludables. Así que encontré en este tipo de alimentación una opción para hacer una transición saludable y benéfica en mis hábitos alimentarios, pero sin abandonar por completo las proteínas animales.

Con respecto a la introducción responsable (en términos nutricionales) de la alimentación flexitariana, una recomendación a tener en cuenta es incluir en la alimentación granos, lentejas y legumbres, pues son una buena fuente de proteína, fibra, micronutrientes esenciales (incluyendo hierro, zinc, magnesio), taninos y saponinas. Se ha estimado que el consumo de media tasa de estos alimentos al día puede incrementar notoriamente la calidad dietaria y nutricional. Es importante informarse adecuadamente sobre el valor nutricional de los alimentos a consumir, para disminuir el riesgo de deficiencias en nutrientes como vitamina B12, hierro, omega 3, zinc y calcio.

Más que una dieta (con sus reglas de contabilización de calorías o restricciones estrictas de alimentos) la alimentación flexitariana es un estilo de vida que permite disfrutar de los alimentos y darse gustos en proteína animal ocasional. Tiene los beneficios de ser sencilla, saludable y accesible. Se enfoca en una alimentación basada en frutas, vegetales, granos enteros, legumbres y nueces, pero de vez en cuando incluye proteínas animales. La ventaja es que la proporción de consumo de proteína animal la puede elegir el/la consumidor/a; así que se puede ir reduciendo lenta y progresivamente (ya que los cambios abruptos en estilos de alimentación suelen ser uno de los factores de mayor abandono de éstos). Un paso adicional sería una elección adecuada de las proteínas animales a consumir; buscando que sea lo más orgánico y enfocado en bienestar animal que sea posible.

Una forma para empezar es priorizando en el carrito del mercado productos como: frutas, vegetales, proteínas vegetales (como edamame, lentejas, tofu, fríjoles), granos enteros (como avena, quinoa, cebada, arroz integral), leches vegetales (aunque también se puede tener un consumo moderado de leche animal), huevos, lácteos (como queso, yogurt), nueces, mantequilla de maní (o de otras nueces), hierbas, aceites vegetales y especias para sazonar. Y al mismo tiempo limitar la compra de proteínas animales, y alimentos ultraprocesados. El consejo adicional que daría aquí, ya que estamos buscando ayudarle al medio ambiente, es buscar los productos que no vengan empacados en plástico (de ser posible), y llevar bolsitas reutilizables para empacar productos como las frutas y verduras.

Es una gran oportunidad de probar nuevas recetas, disfrutar de una alimentación consciente y saludable, y ver los beneficios a largo plazo que estos pequeños cambios en el estilo de vida pueden traer a su salud. Les invito a darle una oportunidad y comentar abajo las recetas que han encontrado.

 

Bibliografía:

What Is the Flexitarian Diet? – Cleveland Clinic

Flexitarian Diets and Health: A Review of the Evidence-Based Literature - PMC (nih.gov)

The Flexitarian Diet: A Detailed Beginner's Guide (healthline.com)

What is the Flexitarian Diet? – Food Insight

The flexitarian diet – choose what you eat (lifeplus.com)

How to Start Eating Vegetarian for Better Heart Health – Cleveland Clinic

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El empoderamiento a través de la Alfabetización en salud

(Health Literacy)

A mis colegas médic@s les quiero preguntar ¿cuándo fue la última vez que se sentaron a explicarle a un(a) paciente por el tiempo que éste/a lo requirió el diagnóstico y tratamiento que le acaban de plantear? ¿cuántas veces se han sentido frustrados de ver que sus pacientes no han seguido sus recomendaciones? A todas las personas que hayan ido alguna vez al médico les quiero preguntar ¿qué tan satisfech@s han quedado con la información brindada por su médic@? ¿qué tanto han entendido del diagnóstico y del tratamiento que les dieron? ¿qué tanto se han informado después de un nuevo diagnóstico, tratamiento u otra recomendación médica? Si esto les pone a reflexionar, tal vez estén más familiarizados con el concepto de Health Literacy de lo que creen.

La alfabetización en salud (Health Literacy en inglés) es entendido como la capacidad individual de entender y manejar información sobre salud. Esta capacidad les permite a las personas (en el sistema de salud llamados pacientes) manejar adecuadamente el sistema de salud y lograr seguir correctamente las recomendaciones preventivas y terapéuticas que se les da. Usualmente se asocia a una mayor adherencia terapéutica y mejores resultados clínicos. El objetivo es que el individuo sea capaz de adquirir conocimiento práctico y capacidades con respecto a la salud y la enfermedad de su cuerpo, como de la salud en general.

“(La alfabetización en salud) implica conocimientos, motivación y competencias para acceder, entender, evaluar y aplicar la información de salud con el fin de hacer juicios y tomar decisiones en la vida cotidiana sobre la salud, la enfermedad, la prevención y la promoción de la salud, para mantener o mejorar la calidad de vida” – Sorensen et. al

La equidad en salud es la obtención del nivel más alto de salud para todas las personas, y esta solo será lograda una vez todas las personas tengan la oportunidad de ser tan saludables como sea posible, sin estar sujetos a barreras sistemáticas o de desinformación. A pesar de que estas barreras pueden afectar a cualquier persona sin importar edad, raza, estatus socioeconómico o nivel educativo, es claramente más impactante en estratos socioeconómicos bajos y grupos minoritarios, teniendo un impacto claro en peores resultados clínicos y mayor costo para el sistema.

La Health Literacy está basada en el derecho que tiene toda persona a información bien documentada y aclarada que le permita tomar decisiones informadas y la obligación que tiene todo sistema de salud de brindar esta información de forma que sea fácilmente entendible y sea benéfica en salud y calidad de vida. Sin información clara y un entendimiento adecuado sobre la importancia de la prevención y manejo de ciertas enfermedades, las personas tienden a olvidar exámenes/tratamientos médicos necesarios, y tienden a asistir más a servicios de urgencias por complicaciones en el manejo de una enfermedad crónica.

Estas competencias se transmitirán a través de la cultura, la educación y la formación, y por eso es que dependen en gran medida del contexto sociocultural del que provenga la persona. Adicional a la información general son importantes algunos aspectos más especializados del conocimiento, como por ejemplo riesgos de salud tanto personal como colectivo o medidas para el mejoramiento de las condiciones de vida asociadas a la salud. Fomenta la motivación personal para utilizar esta información sobre salud en el mundo individual y transmitirla para beneficio mutuo con otros con quienes se está en contacto (ej. familia, trabajo, sistema de salud). Pretende incrementar el control y empoderamiento sobre la salud y los factores que influyen en ésta. Para lograr una mayor alfabetización en salud es necesario una adaptación basada en las necesidades del receptor de esta información acorde a su educación, estilo de vida, y expectativas. Se ha visto que rara vez se tiene en cuenta la inequidad existente en los sistemas de salud, que terminan uniendo el concepto a “responsabilidad propia de la salud”, pero sin un cambio significativo en la estructura de enseñanza que sigue dejando a quienes menores oportunidades socioculturales tengan a la deriva.

Un cambio de perspectiva del sistema de salud paternalista, en el que el médico toma las decisiones sobre tratamiento (tanto con como sin medicamentos) sin cuestionarse la posición del paciente con respecto a las decisiones tomadas, a un sistema de intercambio de información en el que el médico comparte la información relevante al paciente (explicada en términos que el paciente REALMENTE entienda) y que el paciente comparte sus dudas, miedos, preguntas e incluso sus posibilidades de cooperación con el tratamiento planteado (porque es muy fácil escribir en una fórmula médica que el paciente debe seguir una dieta a punta de salmón, pero el problema empieza cuando esta dieta no va a ser seguida por el paciente que no desea comer salmón o sus posibilidades económicas no lo dejan seguir la recomendación). Esto permitirá un acercamiento diferente a la salud, en la que el paciente se empodere de su salud, conozca información de calidad sobre sus diagnósticos y entienda el por qué un médico le está recomendando cierto tratamiento, que idealmente se ajuste a su realidad socio-económica. Claro está que idealmente el sistema debería transformarse de tal forma, que la opción saludable no debería ser un privilegio, sino que debería estar al alcance de todes.

En cada intervención médica (que empieza desde la charla con el paciente en la consulta) se pueden ver potenciales mejoras al empoderamiento en salud del paciente. Las estrategias son varias, y cada uno puede encontrar una a su medida.

¿Qué puedo hacer como médico/a para mejorar la alfabetización en salud de mis pacientes?

  1. Un buen inicio es hablando en términos comprensibles para el paciente: Nadie es un experto en todas las áreas del conocimiento y estoy segura de que si un/a astrofísic@ me explica su ciencia en los términos técnicos, probablemente no entienda mucho de lo que me dice, pero si esta misma persona me explica en términos que yo como no-astrofísica entienda, probablemente logre un mayor entendimiento de su explicación. Aplique la bella teoría de “si no logra explicárselo a un niño de 5 años, es porque no entiende bien el tema”.
    1. Cuando sus pacientes reciben información bien documentada, pero de fácil comprensión y aplicabilidad, estarán en mejores condiciones de tomar acción para proteger y promover su salud y la de aquellos que los rodeen.
  2. Incluya a sus pacientes en la toma de decisiones: No sea paternalista pensando que toda decisión que usted tome “siempre será en búsqueda del mayor beneficio para su paciente”. Hable con la persona que está al frente suyo, entienda su contexto histórico y socio-culturo-económico, sus dudas, miedos y angustias con respecto a la información que usted le acaba de brindar, para JUNTOS llegar a la mejor opción terapéutica que se ajuste a la realidad de esa persona.
    1. Les pongo el ejemplo de alguien que tenga una falla en el funcionamiento de su riñón (enfermedad renal crónica) y necesite una máquina que haga la función del riñón (diálisis renal) para seguir viviendo. Para el médico que toma la decisión es claro que la diálisis podrá hacer la función del riñón mientras se encuentra un donante, pero ¿qué pasa cuando el paciente no quiere estar pegado a una máquina 3 veces por semana? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para explicar la información que nosotros tenemos como médicos de forma clara y entendible para esa persona? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para entender por qué toma esa decisión que va en contra de la mía?
    2. Toda decisión terapéutica debe tener en cuenta lo que ESA PERSONA realmente quiere; no su médico, no sus familiares, no es basarse en suposiciones, sino en una realidad. Por eso es siempre recomendable tener ciertas charlas “difíciles” con nuestros familiares y médicos para que todos sepan nuestros deseos a la hora de enfrentarnos a decisiones difíciles (reanimación, trasplante, ventilación, etc.).
  3. Cuando hable con sus pacientes y les exponga una información, pídales que le repitan la información con sus palabras para asegurarse cuánto le entendieron realmente y tómese el tiempo de volver a explicar (con otras palabras) aquello que no haya quedado claro o las dudas que hayan surgido.
    1. Si usted desea una mayor adherencia a las recomendaciones dadas, debe asegurarse que quien está frente suyo entienda la información y vea la relevancia que tiene. Ejemplo: si su paciente no entiende la relevancia de los anticoagulantes en el tratamiento de la fibrilación auricular, ¿por qué habría de tomar los medicamentos con la rigurosidad que usted desea? Empiece por explicarle qué es la fibrilación auricular, los riesgos que trae y por qué son importantes los anticoagulantes.
    2. Recuerdo que durante la carrera muchas personas se burlaban de mí por explicarles a los pacientes con dibujos, expresiones no técnicas, o mímicas o cualquier otra cosa que se me ocurriera lo que les quería transmitir. Pero siento que me ha permitido informar mejor a las personas, pues a nadie le gusta sentirse “bobo” de no entender una información y son pocos los pacientes que le dirán “no entiendo” aunque realmente no hayan comprendido lo que usted les acaba de decir.
  4. Promueva en su sitio de trabajo el diseño de diferentes herramientas para difundir información sobre salud y prevención que sea correcta científicamente, accesible y de fácil implementación para el que la recibe.
  5. Aproveche cada oportunidad con su paciente para empoderarle más en su salud
    1. Soy consciente que el sistema está diseñado para que todo sea hecho a toda carrera, sin tiempo para explicaciones, pero sea rebelde, que seguro ese tiempo extra que le dedique a sus pacientes se verá recompensado en mayor adherencia al tratamiento con menores recaídas de la enfermedad.

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Bertha
hace 2 años

Realmente como médicos es mucho lo que podemos ayudar siendo empaticos y escuchando a nuestros pacientes Es la verdadeta terapeutica

Mindful Eating

El arte de estar presente al comer como un acto de amor propio

 

Este concepto viene de uno más grande llamado Mindfulness, que es una práctica muy antigua, pero que se ha popularizado bastante en los últimos años. El objetivo es enfocar los pensamientos, emociones y sensaciones físicas al aquí y ahora, permitiéndonos ser conscientes de lo que está pasando en el presente, liberándonos del pasado o futuro. Ya enfocándonos en el término del Mindful Eating (comer a consciencia) significa enfocar toda nuestra atención a las sensaciones que nos trae la comida con la que nos estamos alimentando, permitiéndonos disfrutar más de la experiencia, pero también, al ser más conscientes del alimento que estamos consumiendo, podemos mejorar nuestra relación con la comida y nuestros hábitos alimenticios. La idea es no hacer juicios de valor sobre la experiencia o sobre lo que comemos, sino simplemente ser conscientes de lo que estamos comiendo. A diferencia de las “dietas clásicas” (que usualmente son sólo efectivas a corto plazo), Mindful Eating se trata más del proceso y no del resultado, pues se enfoca en la experiencia de comer a consciencia y no en aspectos como pérdida de peso o control de algunas enfermedades.

Existe un modelo que se guía por cuatro aspectos esenciales en el Mindful Eating: 1) ¿qué comemos?, 2) ¿por qué comemos lo que comemos?, 3) ¿cuánto comemos?, y 4) ¿cómo comemos?

Se pueden hacer diferentes ejercicios para incrementar la experiencia de la alimentación como pensar sobre el origen de los alimentos que estoy consumiendo, quién la preparó y cómo la preparó, las señales que nos da nuestro cuerpo a cuánto comer, reconocer cómo se siente el cuerpo al recibir los determinados alimentos, expresar gratitud por la comida, reflexionar sobre cómo las decisiones que tomamos con respecto a nuestra comida tienen un impacto ambiental tanto local como global.

Podemos hacer también algunas prácticas que nos permitirán lograr un Mindful Eating

1. Hagamos partícipes a todos nuestros sentidos:

Sonidos, colores, sabores, aromas y texturas de los alimentos y la sensación que generan en el cuerpo.

2. Sirvámonos porciones moderadas:

Evita que comamos en exceso y disminuye el desperdicio de comida.

3. Mastiquemos conscientemente pequeños bocados de alimentos:

Así se realzará la experiencia que nos da cada bocado.

4. Comamos despacio:

No solo mejora la experiencia en general, sino que nos permite reconocer señales internas de saciedad.

5. No nos saltemos comidas:

Pasar tiempos prolongados sin comida puede hacer que del hambre termine eligiendo la opción rápida que no siempre es la más saludable para nuestro cuerpo. Lleguemos a la mesa con apetito para comer, pero no con un hambre voraz.

6. Consideremos disminuir su consumo de proteínas animales:

Ayudémosle al planeta, y disminuyamos (en la proporción que deseemos) el consumo de proteínas animales. Descubramos la cantidad de recetas sabrosas que se pueden hacer que no necesiten de estos ingredientes. Podemos intercalar días con y sin proteína para empezar.

7. Diseñemos una lista de compras:

Consideremos qué alimentos deseamos tener en nuestra vida, y así, al tener y seguir la lista, tendremos acceso a alimentos de una calidad ajustada a nuestros deseos de estilo de vida. Aprovechemos para planear nuestras comidas, si podemos preparar nuestros alimentos, que así sabemos cómo fueron preparados.

8. Agradezcamos por los alimentos:

Ser conscientes de todo el esfuerzo detrás de cada plato que comemos; desde quién los produjo, recolectó, transportó, preparó y sirvió hasta que llegaron al plato que está frente nuestro.

***

En un mundo en el que se nos exige vivir aceleradamente, tomarnos nuestro tiempo para disfrutar nuestra alimentación es un acto revolucionario, que nos puede retornar parte de nuestra salud física y mental que hemos venido perdiendo en gran medida por las exigencias del mundo moderno. Así que un buen regalo que nos podemos dar es evitar comer distraídamente como por ejemplo mientras manejamos, mientras vemos alguna pantalla (TV, celular, Tablet, etc.) o mientras nos encontramos en alguna llamada laboral.

Hay un ejercicio famoso que es “Mindful Eating de una uva pasa”, que puede darnos una idea de cómo se siente la experiencia.

  1. Tome una uva pasa (no una manotada) y póngala al frente suyo.
  2. Imagínese que usted acaba de caer en el planeta Tierra y no tiene ni idea de dónde se encuentra. Al no haber tenido experiencias previas en este planeta, no tiene juicios, miedos o expectativas. Todo es nuevo para usted.
  3. Respire lenta y profundamente unas cuantas veces
  4. Mire la uva pasa y tómela en su mano
  5. Sienta su peso
  6. Examine su superficie, sus arrugas, sus partes con brillo y oscuridad. Observe realmente el objeto como si fuera la primera vez que lo tiene en su presencia.
  7. Sea consciente de las sensaciones que experimenta su cuerpo con respecto a este objeto.
  8. Introduzca la uva pasa entre sus labios y sosténgala ahí por solo unos instantes. ¿Nota lo que pasa dentro de usted en este momento?
  9. Déjela rodar adentro de su boca, pero todavía no la mastique, sino simplemente hágala rodar por su boca. ¿Percibe algún sabor? ¿Está salivando usted? ¿Qué desea hacer?
  10. Muérdala una vez. ¿Qué percibe ahora?
  11. Empiece a masticarla lentamente, notando las sensaciones que llegan con cada mordisco
  12. Mastíquela hasta que esté completamente líquida antes de tragarla
  13. Después de tragarla, cierre los ojos por unos instantes y note las sensaciones que acaba de experimentar.

Este ejercicio nos permite practicar aspectos importantes como “no juzgar”, “paciencia”, “mentalidad de principiante”, “confianza” y “no control”.

Yo soy de Bogotá y he tenido la fortuna de ir a Paloquemao y ver la gran variedad de frutas que existen en Colombia (muchas de las cuales desconocemos en la capital). Así que, si tiene la fortuna de encontrarse en ese país, le invito a que haga un nuevo ejercicio: ir a Paloquemao, comprar alguna fruta que nunca haya consumido, y haga este ejercicio nuevamente. Saliendo de nuestra zona de confort al experimentar algo completamente nuevo, habremos experimentado desde la visión 100% de principiante al no tener conocimiento previo de qué esperar.

 

Bibliografía:

Mindful Eating | The Nutrition Source | Harvard T.H. Chan School of Public Health

8 steps to mindful eating - Harvard Health

Mindful Eating: The Art of Presence While You Eat - PMC (nih.gov)

 

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Bertha
hace un año

Si, Realmente es importante dedicarnos con mente y corazón a disfrutar y deleitar ese placer gastronomico en nuestras comidas. Sin duda es mejor para nuestra salud integral

La decisión de seguir existiendo

Conmemorando el día de la salud mental (10/10) quiero hablar de uno de los temas más estigmatizados de la salud mental; la ideación suicida. A la salud mental la han rodeado barreras y obstáculos que han dificultado su accesibilidad por tanto tiempo, que exteriorizar temas que muchas personas pueden sufrir nos permite sensibilizarnos para poder reconocer signos tempranos y aprender a ayudar a quienes nos rodean.

¿Han tenido alguna vez la idea de suicidarse? Hoy les quiero compartir mi experiencia personal con el tema. Al poco tiempo de empezar mi ejercicio profesional como médica llegó el COVID a mi país. Ninguno se imaginó lo que eso iba a ser, todos teníamos miedo puro, y la sociedad nos rechazaba por trabajar en el sector salud (en mi país se vieron hasta amenazas de muerte a personal de salud). No me voy a extender mucho en el tema de la pandemia (porque ya lo he hablado previamente), pero quiero tocar el tema tangencialmente en lo que significó para mi equipo de trabajo en urgencias.

Vi en sesiones que los psiquiatras nos dieron grupalmente a nosotros, cómo todos estaban luchando con enfermedades mentales mientras seguíamos día a día, y noche a noche luchando contra este virus, mientras callábamos lo que estábamos viviendo. Colegas con depresión, ansiedad, ataques de pánico, terrores nocturnos, ideación suicida. Me veía reflejada y dejé de sentirme sola en estos sufrimientos. Fueron muchas las noches en las que, buscando descansar en sueños, despertaba llorando y gritando, teniendo “sueños de turnos COVID”. Fue la tristeza y desolación de ver personas diciendo frases como “les pagan por cada caso que diagnostican de COVID, por eso a todos nos están metiendo ese cuento” o “usted mató a mi familiar” o “doctora, me estoy muriendo del ahogo” o “¿el COVID es real?”, mezclado con el burn-out de ese estrés que se volvió crónico lo que hizo que muchos deseáramos dejar de existir.

Yo personalmente tenía lo que denominé “ideación suicida pasiva”, que para mí significa que no tenía fuerzas para matarme, pero me ponía a pensar en el “¿qué pasaría si un carro me atropella tan duro que nunca más me vuelva a despertar?” (o cualquier variante, incluida una bala perdida, entre otras ideas creativas). Pero hubo algo que siempre me mantuvo con la decisión de seguir existiendo; uno, la esperanza de que “no hay mal que dure 100 años” y la otra, muy importante, mi familia, mi esposo y mis amigos.

No subestimen el poder que tiene su red de apoyo, y sean una buena red de apoyo para sus seres cercanos. No subestimen el poder de la amabilidad, de una sonrisa, de un gracias y del escuchar verdaderamente lo que la otra persona necesita expresar para apoyarle de la mejor manera. El mundo tiene mucha injusticia y cosas horribles que no deberían pasar, como para que no aprovechemos cada oportunidad para hacer algo bueno por quien está al frente nuestro.

Hace un tiempo escuché en un podcast (Ser quien tú eres – de Se regalan Dudas) una hermosa analogía de la depresión, la ideación suicida y la vida. Una de las conductoras del programa, Ashley Frangie, dice “cuando estás viviendo una depresión y te acercas a la costa donde después no hay vida, empiezas a caminar, pero el mar que oyes no se calla. Siento que la gente que hemos mirado esa costa se nos queda grabada en la mente por siempre. Lo decisivo está en el cómo has decidido, por más que escuches esa melodía una y mil veces diciéndote ‘estaría mejor no vivir’, pero decides voltear, mirar tu vida y decides elegirte a tí, que es algo tan lejano de poder decidir ‘quiero morir’. Decirte sí a ti es lo contrario a decidir ‘no quiero vivir’”.

Es una analogía que considero hermosa, pues nos muestra a la vida y la muerte como un continuo sutil, donde podemos elegir dónde queremos estar (¿tierra adentro, en la playa, en la orilla del mar o mar adentro?), y también con quién queremos estar. Ser conscientes de la posibilidad de la muerte, o tener pensamientos con respecto a morir es algo que se ha estigmatizado tanto, que muchas personas caminan en este borde de la costa, sintiendo las olas del mar rozándoles los pies, sin tener la posibilidad de hablarlo con otras personas, sin poder encontrar las razones por las que vale la pena vivir y dejar de oír en sus mentes las razones por las que ‘sería mejor no vivir’. Cuando se está tan metido en la depresión que la única salida que se puede considerar es la muerte, es muy difícil apreciar nuestra existencia, a quienes nos rodean y ver una salida de todo ese peso que nos abraza fuertemente y no nos suelta.

Haber vivido esa sensación en varias ocasiones en los últimos años me ha dado la lección de apreciar más todo lo que tengo, todo lo que soy, a quienes me rodean, y dejar de pensar que las circunstancias están por encima de mí, sino ver que podemos tomar las decisiones para llegar a tener la vida que deseamos. Pueda que la solución no se dé de inmediato, pero podemos cambiar aspectos pequeños progresivamente, que en suma lograrán darnos una nueva perspectiva de la vida, con colores diferentes y tal vez podamos apreciar los atardeceres desde una playa bonita, o incluso tierra adentro, en un lugar completamente nuevo y maravilloso.

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Conocer y ReConocer nuestro entorno

 

Me perdí en las calles de Oslo.

Me perdí en los contrastes del otoño.

Me perdí en los colores variados de sus edificios.

Me perdí en las esculturas que complementan el paisaje.

Me perdí en los contrastes arquitectónicos entre lo clásico y lo moderno.

Me perdí en la belleza impactante de sus fiordos, con sus pequeñas casas multicolores.

Me perdí en esta ciudad vibrante, con habitantes amables a quienes visitan y desean conocer.

Me encontré en ese otoño soñado con bebidas calientes, sacos tejidos y hojas multicolores.

Me encontré leyendo mi libro desde un pequeño café con vistas citadinas impactantes. 

Me encontré con una paz interior al olvidarme de todo el ruido exterior.

Me encontré con la oportunidad de compartir con mi hermana.

Me encontré con la oportunidad de ser y estar presente.

Me encontré riéndome a carcajadas por las calles.

Me encontré en las calles de Oslo.

 

¿Cuántas veces paramos de correr en nuestras tareas del día a día y apreciamos verdaderamente lo que nos rodea? Vivimos en nuestra rutina y muchas veces es solo en nuestras vacaciones cuando nos tomamos un respiro para apreciar lo que nos rodea. Pero no tenemos que irnos a otro país para poder hacer un ejercicio como este. Hace poco escuché de un libro en el que la autora hace el mismo recorrido por su ciudad, pero con diferentes expertos para poder apreciar la ciudad desde su perspectiva tan diferente, desde aquello que los apasiona, desde los detalles que ven y otros ignoran. Afortunadamente no tenemos que ser expertos en un tema para poder hacer el ejercicio, aunque sin lugar a duda el tener un conocimiento previo puede enriquecer aún más la experiencia.

¿Qué tal si nos proponemos apreciar los árboles que nos cruzamos en nuestro camino? o ¿podríamos jugar a contar cuantos perros o gatos o pájaros o los animales que haya donde vivimos, nos encontramos. ¿Qué tal si nos sentamos en un café a disfrutar de una bebida caliente mientras observamos la gente caminar, y nos perdemos en historias de lo que sus vidas podrían ser? O tal vez podríamos observar detenidamente los detalles arquitectónicos que tienen los edificios por donde caminamos. Todas son variables fácilmente realizables, que nos sacan de la rutina, que nos permiten tener un respiro dentro de nuestro correr interminable sin ser plenamente conscientes de lo mucho que nos perdemos por simplemente no Parar. Respirar. Apreciar. Valorar.

Como les conté hace poco, por cosas del destino terminé teniendo la fortuna de viajar a Oslo. Mientras mi hermana estaba en su curso, yo me aventuré por sus calles, conociendo no sólo lo icónico sino también los pequeños detalles, lo que usualmente uno ignora de los lugares que se nos vuelven cotidianos.

Si tienen la fortuna de ir a un lugar nuevo, les invito a que al menos uno de los días no planeen todo lo que quieren hacer, que no tengan un tour con todo organizado, sino que se regalen la libertad de perderse por las callecitas y ver el mundo desde una mirada de aprendiz.

Este ejercicio, al final del día, es una forma más de mindfulness. Apreciar el presente, los detalles que nos rodean, silenciar las voces de nuestros quehaceres, inseguridades, angustias de la vida, y simplemente ser y estar presentes.

Sé que la cotidianidad nos atrapa en el afán de las cosas por hacer. Es muy frecuente que las 24 horas que tenemos no nos alcancen para hacer todo lo que queremos. Pero paremos a preguntarnos qué es lo que realmente queremos. Trabajamos 8 horas para vivir 4, trabajamos 5 o 6 días para disfrutar 1 o 2, trabajamos 8 horas para atragantarnos un almuerzo en 15 minutos y correr por una pequeña pausa para ir al baño, trabajamos 8 horas para apenas dormir unas 5, trabajamos pensando en las deudas que tenemos por pagar, contando los días para que lleguen esa mínima cantidad de días libres… trabajamos toda una vida pensando en la edad de retiro, pensando que ahí tendremos el tiempo para hacer todo aquello con lo que soñamos ahora, para enfrentarnos a la realidad de que perdimos mucho tiempo preocupándonos por cosas irrelevantes, dándole prioridad a lo que verdaderamente no era tan importante. Así que despertemos de ese mito que nos creímos, diciéndonos que nuestra vida era valiosa solo en la medida de nuestra productividad, y disfrutemos la vida ahora, que nadie tiene comprado el futuro y que la vida no se constituye en esas fotos de Instagram con los grandes momentos de nuestras vidas, sino que la vida se construye de esos detalles que pensamos cotidianos, pero que al final son los que nos dan significado.

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Bertha
hace un año

Eso es, la vida se construye de pequeños momentos, pequeños detalles que llenan nuestro ser. Gracias por compartir todas esas vivencias e invitarnos a ser felices con lo simple y grande a la vez

Las 10 reglas doradas para hacer deporte saludablemente

Es frecuente que se recomiende la práctica regular de ejercicio, pero es importante hacerlo responsablemente para que esta práctica se integre a nuestras vidas generando el impacto positivo que deseamos que tenga. Hoy les traigo 10 conceptos importantes a la hora de hacer deporte.

1. Antes de empezar con el deporte, un chequeo médico

Especialmente si se quiere empezar a hacer deporte después de los 35 años, ante enfermedades crónicas, síntomas o factores de riesgo (como fumar, hipertensión arterial, diabetes, niveles altos de colesterol, sedentarismo), se recomienda un chequeo médico previo a iniciar con el deporte.

2. Empezar el deporte responsablemente

Es mejor empezar lentamente e ir aumentando progresivamente con la carga; progresando inicialmente con la duración, luego la frecuencia y después la intensidad. Se recomienda que sea de forma guiada por un especialista. Empezando se recomiendan tres a cuatro veces a la semana con prácticas de 30 a 40 minutos.

3. Evitar los excesos en el deporte

Después de la práctica deportiva se debería esperar un cansancio “agradable”. Por ejemplo, correr debería hacerse sin la necesidad de quedar sin aire. Si se hacen pruebas de resistencia (ej. prueba de esfuerzo) se puede evaluar adecuadamente “a qué pulso se debería entrenar”. Es preferible poder entrenar un tiempo suficiente de forma tranquila, a tener que cortar rápidamente del cansancio.

4. Después de la práctica deportiva una adecuada recuperación

Es necesario una adecuada recuperación por medio de descanso y sueño; se puede regenerar con un entrenamiento más suave después de uno extenuante.

5. Hacer una pausa del deporte ante enfermedad, incluyendo una gripa

Ante enfermedades agudas es mejor hacer una pausa, para poder retomar el deporte al sanar.

6. Prevenir las lesiones, y ante ellas curarlas adecuadamente

Calentar y estirar antes del deporte para prevenir lesiones. Las lesionen necesitan tiempo para sanar. El dolor es un signo de alarma. Muchas veces tiene más sentido, ajustar la práctica deportiva a otra disciplina que facilite sanar mientras se termina de sanar.

7. Ajustar la práctica deportiva al clima y las circunstancias

Ropa funcional, no necesariamente “a la moda”. Ante el frío ropa caliente, cortavientos y que permita una adecuada transpiración. Ante el calor, reducir el entrenamiento, aumentar la hidratación. Ante cambios de altura disminuir la intensidad.

8. Hacer énfasis en una adecuada alimentación e hidratación

La alimentación debería estar basada en carbohidratos, proteína y rica en fibra, baja en grasa. Las pérdidas de líquidos deben ser adecuadamente substituidas, estando acompañadas de minerales.

9. Ajustar el deporte a la edad y los medicamentos que se tomen

El deporte a toda edad es importante y debe estar combinado en fuerza, coordinación, resistencia. Es adecuado una evaluación médica para tomar adecuadamente los medicamentos adaptando deporte y medicamentos.

10. ¡El deporte debe divertirnos ante todo!

Buscar la actividad que nos guste y nos llame la atención, aquella que nos alegre ir a practicar. Buscar pequeños cambios de hábito que nos vuelvan más activos en la cotidianeidad; escaleras en vez de ascensor, caminar más, sentadillas en momentos de transición de una actividad a otra, pausas activas con estiramientos, etc.

 

Bibliografía:

DGSP • Deutsche Gesellschaft für Sportmedizin und Prävention e.V. - Die zehn Goldenen Regeln für gesundes Sporttreiben

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Reflexionar en retrospectiva para vislumbrar el futuro

Se acabó otro año y usualmente me gusta hacer un video con las algunas de las fotos que tengo en mi galería del celular. Es un ejercicio, que más allá de terminar siendo una publicación más en Instagram, me ha ayudado a revivir lo ocurrido en el año, para poder reflexionar y así empezar el año con un balance general de lo que representó el año anterior en mi vida.

Contar un resumen tan detallado de mi 2023 tal vez sea uno de esos textos en los que cuento más de lo que usualmente pensaría compartir en un medio que termina siendo público, pero creo que el reflexionar por medio de lo escrito nos permite valorar mejor nuestros pensamientos, para así poder tener una mejor visualización de lo que queremos hacer a continuación. Así que, si quieren entender de dónde vienen mis reflexiones y cavilaciones de este texto de agradecimiento, les invito a leer en la parte de abajo mi resumen no tan ejecutivo de mi 2023.

Finalmente, este ejercicio de reflexión y de seleccionar fotos, viendo el año en retrospectiva me permitió agradecer por todos los retos superados, me permitió ver que a pesar de lo duro que pueda ser la situación cuento con la excelente compañía y apoyo incondicional de mi esposo. Es fácil pensar que es un cliché decir que es importante buscar en la pareja a alguien con quien compartir los momentos duros se vuelva más fácil, pero no lo es. Toda persona necesita realmente una red de apoyo y ayuda en su vida. Escojan bien la suya, y sean una buena red de apoyo para quienes tienen a su alrededor. Porque para los momentos fáciles y bonitos hay muchos candidatos, pero para los momentos duros, sólo una unión basada en amor, respeto y solidaridad son los que permiten el éxito. Hoy también quiero empezar este año agradeciendo a mi familia, que desde la distancia siempre me ha acompañado y apoyado, a mis amigos de antes, y a las nuevas amistades que he ido formando en el camino que me hacen la vida más feliz, al trabajo maravilloso al que llegué que me ha permitido desarrollarme como profesional de una forma amorosa y agradable, y a la vida por permitirme empezar un año viviendo en gratitud y emocionada por todo lo que se vendrá este año.

Hay dos ideas que me gustaría compartirles. La primera es una ya planeaba hacer este año y es “el jarrón de la gratitud”. Compré un jarrón grande, donde semanalmente escribiremos con mi esposo algo bueno que nos haya pasado, para así, al final del año, poder releer y revivir esos pequeños momentos que, por más mundanos que parezcan en un inicio, terminan constituyendo nuestra vida y nos permiten vivir en gratitud. La segunda idea es una que vi hoy en un video y es el de nombrar el año desde su inicio con propósito. Ese ejercicio es uno que considero fuerte y significativo, pues nos lleva a plantearnos en qué queremos enfocarnos ese año y darle un nombre grande. Después de ver el video creo que podía imaginarme los nombres que hubiesen podido tener los años previos, pues en retrospectiva todo es más fácil de revisitar y renombrar, pero el tener que pensar en un concepto que encierre en lo que quiero enfocar este 2024 es una tarea grande, a la que quiero dedicarle unos momentos de reflexión… pueda que la semana entrante hable nuevamente del tema. Ya veremos.

Mi resumen no tan ejecutivo de mi 2023,

reflexiones en tinta para visualizar el 2024

El año pasado tuvo una gran mezcla de sentimientos. Empezando por la emoción de tener nuestro primer apartamento no amoblado, en el que soñábamos poder armar de tal forma que reflejara quienes somos, lo que nos gusta y sentir realmente que formábamos el hogar que soñábamos. Todo lo habíamos planeado para mudarnos a principios de febrero, justo antes de un viaje que ya teníamos planeado por 2 meses a Suramérica.

El primer tropiezo apareció cuando nos dijeron que el edificio todavía no había terminado de construirse, por lo que tuvimos que dejar gran parte de nuestra vida en maletas en el apartamento, con la fe y esperanza que no fuéramos a llegar a un apartamento vacío después de meses de construcción continúa no supervisada. Luego nos fuimos a un viaje espectacular de 2 meses a Colombia y luego Chile. Tuvimos la oportunidad de compartir en familia y con nuestros amigos, acompañar a amigos nuestros en sus matrimonios y adicionalmente conocer el espectacular desierto de Atacama en Chile. Fue un viaje simplemente espectacular, que disfrutamos un montón. El único detalle con el que no contábamos era que Chile estaba más costoso que Europa, por lo que gastamos más dinero del que teníamos previsto. Pero todo sea por vivir una experiencia inigualable; el dinero se vuelve a trabajar, pero un viaje como ese no se vuelve a vivir en poco tiempo nuevamente.

Poco antes de regresar, aun cuando estábamos en Atacama, nos enteramos del segundo tropiezo; la burocracia alemana nos entorpecía mi ingreso a mi nuevo trabajo.

[Pequeño paréntesis que tal vez le ayude a algún migrante que quiera venir a Alemania. La situación fue la siguiente: como el edificio nuestro no se había terminado de construir al momento de viajar, no habíamos podido inscribirnos en la ciudad de forma oficial (lo que en Alemania se llama “Anmeldung”, y toca hacerlo cada vez que uno se trastea, así sea literalmente al apartamento de al lado), y por eso la oficina del trabajo (que básicamente se encarga de analizar el contrato de trabajo durante los primeros 2 años desde que se migra para asegurarse que todo esté en regla) de ninguna ciudad se sentía responsable de mí (porque básicamente no existía en ninguna ciudad). Estas vueltas yo pensaba que no estaban conectadas, pero el hecho de que no me hubiese podido registrar en la ciudad antes de viajar hizo que el proceso de validación para el ingreso a mi nuevo trabajo se congelara hasta que volviera y tuviese en regla la Anmeldung a la ciudad.].

Esto implicó al final del día que nuestro cálculo de que yo empezara a trabajar tan pronto regresáramos de Colombia, se convirtiera en que tuviera que quedarme en mi casa 1 mes, esperando la respuesta, y que mi primer salario llegara al final del segundo mes desde nuestra llegada, haciendo que nuestras finanzas tuvieran un gran desbalance que, sumado a los costos asumidos en Chile, tuviéramos que apretarnos el cinturón y que mi esposo pidiera un adelanto de salario en su trabajo. Este mes que tuve que estar en casa, en un apartamento nuevo pero vacío, en el que la constructora todavía no había terminado de organizarle todo, pues por ejemplo las persianas de nuestro cuarto no funcionaban, haciendo que inicialmente tuviéramos que dormir en un colchón inflable en nuestra sala muy vacía. Por otro lado, la instalación del internet duró eternidades, así que fueron días largos, en los que cuando podía iba a la biblioteca para poder estudiar o ver alguna película, mientras esperaba a la que la maquinaria burocrática de Alemania hiciera su trabajo y me dejara trabajar.

Finalmente logré empezar en una nueva clínica, la tercera en la que trabajo desde que llegué de Colombia. Aquí empecé con gran ilusión, pues me había dado muy buena vibra las dos ocasiones en las que fui a conocerla. Si han leído los temas previos en Sueño de Migrante en los que he hablado de mis trabajos anteriores, sabrán que ha sido retador y que el haber llegado de Colombia no había sido todo un camino de rosas. Pero es bonito que el universo disponga todo para que en el momento adecuado lleguemos donde debemos estar. Me siento realmente feliz en el trabajo en el que estoy, tengo un equipo de trabajo con el que me gusta trabajar, tengo colegas con lo que he podido formar realmente amistades (algo que en los trabajos previos había estado un poco más restringido, pues cada uno estaba muy enfocado en su vida familiar privada). Entonces realmente tengo un sentimiento de profunda gratitud por estar en este nuevo trabajo. Han sido personas que nos han acogido desde el primer momento. Hacemos planes e incluso pasamos el año nuevo con uno de ellos.

Otro factor por el que estamos bastante agradecidos es que el habernos mudado a esta nueva ciudad, nos acercó en gran medida a los amigos de nuestro grupo latino. En la ciudad en la que estábamos previamente vivíamos tan lejos, que muchas veces terminábamos muy aislados porque no podíamos ir a los planes sin una planificación detallada y tiempo lo suficientemente amplio para poder movernos entre ciudades. Ahora realmente amo el hecho de poder llamar y poder cuadrar “un cafecito”; que ya no sólo cuadremos para un plan lo suficientemente “grande que valga la pena el viaje”, sino que podamos estar cerca de nuestros amigos constantemente.

Hablé de la ilusión del apartamento, pero la construcción fue otro reto. Pasamos de ilusión a desilusión en varias ocasiones, pues nos hacíamos la esperanza de recibir financiamiento de marcas grandes como IKEA para poder amoblar nuestro apartamento y pagar a cuotas, para que nos rompieran la burbuja de la ilusión en 2 segundos al decirnos que no financiaban a menos que uno fuera europeo o que tuviera un permiso de residencia permanente (que en mi muy humilde opinión puede ser el grupo de personas que no necesitarían realmente la ayuda, pues suelen tener ya la plata para pagar casi que de contado). Luego tuvimos otra desilusión en otro almacén, que también nos negó la financiación (a pesar de que las empleadas no lo podían creer cuando supieron el salario que yo tenía; que por ser médico es más alto que lo que la gente espera para una recién llegada migrante no europea).

[Aquí el problema fue que, al cambiar de ciudad, cambiamos de filial del banco, cosa que nosotros considerábamos era solo cambio de oficina, y no que cada ciudad se comportaba prácticamente como un banco diferente (ridículo, es algo que aún no entiendo bien). Entonces como a los ojos de la tienda nosotros éramos unos recién aparecidos en ese banco, no tenían cómo saber si podían confiar en que fuéramos a pagar las cuotas a tiempo y completo.]

Esos días fueron golpes realmente duros, pues es sentirse despreciado por ser ajeno al sistema y al país. Tal fue la tristeza y rabia, que mi esposo decidió demostrar nuestro “poder económico” y terminó comprando todo lo que queríamos. Realmente no era mucho, el monto no era exorbitante, pero en el contexto del desequilibrio económico del que estábamos queriendo salir, claramente un financiamiento hubiese sido una opción cómoda. O eso pensábamos. Al final del día, conseguimos las cosas básicas que queríamos a un buen precio, y afortunadamente hemos sido lo suficientemente juiciosos con el dinero que pudimos comprar las cosas con tranquilidad, y sin tener que pagar cuotas por más tiempo. La construcción de lo que ahora tenemos como apartamento no resultó sólo de ese día, sino que hemos ido añadiendo de a poquitos esos detalles que han ido creando cada vez más la identidad nuestra.

Luego llegaron las cosas que habíamos mandado en barco desde Colombia. Queríamos tener algunas cosas, y logramos tener un excelente contacto que nos empacaba las cosas en Colombia y nos las dejaban en el apartamento en Alemania. Eso también siguió dejando la huella de lo que ahora vemos con gran amor; nuestro hogar.

Los otros 3 eventos que marcaron mi año fueron mi curso de medicina del deporte en una remota isla al norte de Alemania, en compañía de una gran amiga mía, las semanas que pude compartir con mi hermana, primero en Oslo y luego en Alemania, que me permitieron ver que el tiempo ha fortalecido nuestra relación, y la llegada de mis 2 gatos, que han llenado mi casa de pelos, pero más importante, de ronroneos y amor puro. 

El año lo cerramos nuevamente acá en Alemania. Siempre es en parte duro estar lejos de Colombia en estas fechas, pero tuvimos la fortuna de pasarlo con amigos, que definitivamente nos alegraron los días.

Empezar el año usualmente se acompaña de muchas metas idealistas que suelen ser difíciles de cumplir y pueden llevar a la frustración. Es por esto que este año les quiero dar el consejo de ponerse la meta no de lo que quieren hacer sino de quien quieren ser este año, de ser auténticos con ustedes mismos, de hacer las cosas que les hagan felices desde el amor y de retarse a vivir experiencias nuevas que les emocionen. Les deseo un gran 2024. 

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El Pole Dance cambió mi vida

Desde el colegio me llamaba la atención el Pole Dance, pero en esa época mi mamá no me dejaba bajo pensamientos como que “se va a volver estriptisera”, pero cuando entré a la universidad hice un curso de liderazgo, en el que se me abrió la oportunidad de empoderarme de mis sueños y logré empezar con este deporte.

Inicialmente no sabía mucho de lo que me esperaba, simplemente me sentía maravillada con la belleza de las figuras y lo espectacular que se veían las coreografías. Recuerdo mi primera clase con el mensaje de “el Pole Dance duele, salen morados y es muy duro”. Y efectivamente, cada cosa nueva que se aprende trae su dolor, sus morados y su grado de dificultad.

Pero lo sorprendente del Pole Dance va más allá de las figuras o de las coreografías y va más allá de la fuerza muscular, la flexibilidad ligamentaria, la capacidad de orientación espacial. El Pole Dance nos regala la fuerza interna mental para ser pacientes en lograr nuestros objetivos, nos da la flexibilidad para poder llegar a nuestros sueños (sean figuras o cosas del mundo fuera del pole), nos da un amor por nuestro cuerpo no por cómo se ve sino por lo que es capaz de hacer. Es algo que me sorprende en mi cuerpo, pero que también admiro en otras personas con cualquier tipo de discapacidad. El Pole Dance nos enseña que es un deporte para todos los cuerpos, sin importar edad, género, peso, estado de salud, que toda persona tiene su espacio y que puede superar sus propios límites.

El Pole Dance ha sido mi terapia en los momentos más difíciles en los que menos me he querido por cómo me veía. En esos momentos en los que no era capaz de verme al espejo, en los que me sentía culpable por no tener un determinado cuerpo estereotipado, o en los que sufría por el simple hecho de tener hambre. El Pole Dance me ha permitido romper con esa cadena de pensamientos no saludables y autodestructivos.

Llegué al Pole Dance en 2016, y tuve que parar durante casi 2 años al mudarme en Alemania. Fue un período duro, en el que lo extrañaba constantemente pero que me atemorizaba cada vez más de volver, pues el paso del tiempo cobra factura. Pude volver hace poco… Ha sido una mezcla entre la frustración de no poder hacer muchas de las cosas que previamente hacía y la satisfacción de ver que todavía puedo hacer muchas cosas, que logro recuperar las habilidades a un paso más acelerado pues no estoy empezando de cero. Volver ha sido retador, pero al mismo tiempo liberador. Extrañaba esta disciplina y me alegra infinitamente tener la oportunidad de volver a ella.

A quienes les llame la atención este deporte, anímense a probarlo, suelten los prejuicios o “el qué dirán” y disfruten su vida. Y a quienes no les llame este deporte, les invito a seguir sus sueños con aquello que les haga felices, que la vida es muy corta como para frenarnos por lo que piensen los demás.

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El impacto en la salud que tienen las amistades femeninas 

Saber rodearnos de las personas adecuadas puede tener grandes impactos en nuestras vidas, como nuestros gustos y hábitos grupales, pero también es relevante en términos de salud.  

Un estudio de la UCLA analizó el impacto en la salud de las amistades y los contactos sociales desde una base biológica y evolutiva. Aquí pudieron ver que nuestra respuesta primaria de búsqueda de contacto ante situaciones de estrés libera sustancias como la oxitocina y otros péptidos opioides endógenos que pueden disminuir el estrés y de esta forma ser benéficos en nuestro bienestar general. Los seres humanos somos seres sociales; nos hemos agrupado como forma de protección y reproducción. Desde pequeños es importante un adecuado contacto con otros seres humanos; no sólo para alimentarnos sino también es ese calor y amor que nos brindan nuestros cuidadores primarios el que nos permite generar un sistema regulador de estrés biológico; donde un adecuado apego genera medidas protectoras y reguladoras a la hora de enfrentarnos a situaciones estresantes. A diferencia de muchos modelos animales, donde se ve la típica respuesta de fight or flight ante una situación de peligro, los humanos tenemos una respuesta adicional al unirnos como grupo, aumentando nuestras posibilidades de supervivencia e intercambio de información.  

Al analizar el contacto social como necesidad humana, se ve que establecer redes de conexión social saludables y basadas en el apoyo y bienestar mutuo, reducen el estrés del individuo gracias a la oxitocina y los péptidos opioides endógenos. Este efecto parece ser especialmente significativo en las mujeres. Si analizamos temas de rol social durante la historia —aunque en los últimos hallazgos arqueológicos se haya descubierto que hubo mujeres cazadoras—, en general, el cuidado de niños y del refugio ha tenido una gran firma femenina. De esta forma, las mujeres han tenido que generar respuestas al peligro que incluyeran el cuidado de los más pequeños y desprotegidos. Se ha visto que estas expresiones de cariño y cuidado desde edades tempranas tiene un impacto a largo plazo para esos niños, generando una mejor regulación de sistemas de estrés endógenos (como los corticoides de la glándula suprarrenal) y también en mayor seguridad para explorar (como muestra de menor miedo y ansiedad ante el mundo). El tipo de familia que hayamos tenido de pequeños tiene un impacto en la forma en la que nos relacionamos en la edad adulta, viéndose que las personas que han venido de familias con mayor apoyo y calor de hogar pueden desarrollar habilidades reguladoras emocionales efectivas que les permite generar uniones seguras con otras personas y regular su respuesta al estrés.  

Una respuesta muy humana al estrés es buscar apoyo social, que puede provenir de la pareja, la familia, amigues, colegas, entre otros. Es esa necesidad de sentir amor y cuidado lo que nos conecta con otras personas. Los beneficios en salud de este apoyo social se han visto en efectos positivos contra el deterioro cognitivo y una mayor longevidad general, pero también en menor riesgo de complicaciones en enfermedades crónicas (ej. ante diagnóstico cardiovascular, reducción de tasas de infarto y en mejor recuperación posterior a cirugía cardiovascular, o mejor control de diabetes, mejor supervivencia en enfermedad renal crónica, disminución del dolor en artritis).  

En una gran proporción de países (donde la salud no es negada a las mujeres y las tasas de mortalidad durante el parto no son altas) se ve que las mujeres suelen tener una mayor tasa de vida que los hombres, siendo interesante ver que muchas de las causas de mortalidad masculina están asociadas a la respuesta de fight or flight (ej. En términos de violencia, abuso de sustancias, o estrés crónico expresado en enfermedades como la cardiovascular), mientras que las mujeres suelen responder al estrés buscando su red de apoyo reduciendo su estrés, pudiendo ser esta una de las causantes de mayor longevidad.  

Saliéndonos un poco de este componente biológico y evolutivo, podemos entrar al tema de los beneficios de las amistades femeninas per se. Y es que una vez las mujeres entienden que en vez de enfrentarse se benefician más del apoyo mutuo, nace la sororidad, que, aunque no lo creamos, puede salvar vidas. Las mujeres se reúnen para hablar cara a cara, expresando lo que las atormenta, las alegra o les preocupa, sabiendo que están en un espacio donde se les escuchará y apoyará. Lastimosamente muchos hombres no aprenden de pequeños a expresar sus emociones asertivamente, y tienen como única salida la ira, dificultándoles de esta forma expresar adecuadamente las necesidades que tienen. Algunas de las diferencias entre las amistades femeninas y masculinas es la configuración que tienen; siendo la de los hombres generalmente en grupos, mientras que las de las mujeres suele ser como de centros y radios, donde cada mujer tiene una amistad particular con cada amiga que está, pero no con todas en el grupo.  

Otro aspecto a tener en consideración es la relevancia que tiene el intercambio de información que proporcionan las amistades femeninas, pues en un mundo machista y diseñado para los hombres, donde muchos de los temas relevantes para las mujeres se han vuelto tabú, las mujeres han tenido que recurrir a los círculos sociales cercanos para poder protegerse entre ellas. No es coincidencia que en el transcurso de la historia de la humanidad a las mujeres se les haya prohibido en varias ocasiones asociarse y aquellas que se han salido de esas normativas opresoras sociales hayan sido asesinadas tildadas de brujas, pues el poder que tiene la difusión de información entre mujeres es algo que temen muchos hombres que no desean ver su sistema opresor temblar. Tanto hombres como mujeres disfrutan del chisme, pero socialmente se le da una connotación negativa cuando lo hacen las mujeres, pues se busca desincentivar ese intercambio de información. Pero ¿de qué otra forma podríamos hablar de esos temas tabú si no es con aquellas personas de confianza que también los viven, o pueden tener la empatía suficiente para apoyarnos y escucharnos en momentos de necesidad? 

El mensaje que quiero dejar con todo esto es que cuiden y protejan sus amistades, que entendamos que la sororidad nos ha permitido sobrevivir en un mundo que no ha sido diseñado para nosotras, que, aunque tengan su pequeña expresión de revolución contra el machismo, las amistades femeninas también tienen un impacto para poder tener vidas más largas y de mejor calidad. También es un mensaje a los hombres, pues este es otro ejemplo donde ustedes también se benefician del feminismo, pues al romper esas barreras que les impiden expresar sus emociones adecuadamente y generar lazos de conexión y amistad más profundos, podrían beneficiarse también se los efectos reguladores de estrés que las mujeres hemos podido gozar gracias a esas amistades profundas que generamos. Este también es un mensaje para todas esas amistades femeninas que tengo, pues a todas les agradezco el rol que han tenido en mi vida, y espero que haya sido recíproco, pues a todas las amo con el corazón.  

 

Bibliografía: 

2011_Tend-and-Befriend-Theory.pdf (ucla.edu) 

Amistad: “A ellas les importa quién eres, y a ellos qué eres", las diferencias en la forma de hacer amigos entre mujeres y hombres según el célebre psicólogo Robin Dunbar - BBC News Mundo 

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“Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad” – Lucio Anneo Séneca

Hace poco me terminé de leer el libro “Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad” escrito por el filósofo estóico Lucio Anneo Séneca, quien vivió entre los años 4 A.C. a 65 D.C. Hoy quisiera recomendarles que, si tienen la oportunidad, lean este pequeño pero profundo libro de tan sólo 127 páginas.

En este libro Séneca hace reflexiones que, a pesar de ser realizadas hace tantos años, aún pueden ser aplicadas en nuestra cotidianeidad y realmente siento que pueden brindarnos herramientas para poder vivir una vida más autentica y feliz.

El libro es una recopilación de tres tratados, pero los que más me gustaron fueron los dos primeros. El primero es “Sobre la brevedad de la vida”, donde se nos invita a conscientizarnos de la forma en la que vivimos nuestras vidas, para que entendamos que no importa la cantidad de años que vivamos sino la calidad del tiempo que vivimos. El segundo es “Sobre la vida feliz”, donde invita a la reflexión de las cosas que realmente nos hacen felices y cómo evitar volvernos esclavos de las cosas materiales para poder ser auténticamente felices.

El libro está lleno de frases excelentes, con las que se pueden hacer reflexiones profundas. Hoy quiero compartirles una de cada uno de estos 2 primeros tratados y los pensamientos y reflexiones que me llevaron a tener.

 

SOBRE LA BREVEDAD DE LA VIDA

“Vivís como si fuerais a vivir para siempre, nunca recordáis vuestra fragilidad, no observáis cuánto tiempo ha pasado ya. Lo perdéis como si dispusierais de un depósito lleno y rebosante, cuando puede que precisamente ese día dedicado a un hombre o una cosa sea el último. (…) ¿Qué garantía teneis de una vida larga? ¿Quién permitirá que sea como dispones? (…) ¡Qué tarde es empezar a vivir cuando hay que terminar! ¡Que estúpido olvido de la mortalidad es diferir hasta los cincuenta o sesenta años los buenos propósitos y querer iniciar la vida allá donde pocos llegaron!”

 

Hace poco tuve alrededor mío varias historias de muertes poco esperadas en personas cercanas o de conocidos de personas cercanas a mí. Estuve hablando con mi mejor amiga al respecto y estuvimos analizando varios aspectos de la vida en sí. Estuvimos pensando en la presión que en ocasiones hemos sentido (o autoimpuesto) de completar un check-list sobre la vida que deberíamos vivir en términos de estudios, salario, incluso nuestra vida personal (ej. matrimonio, hijos) o cosas materiales que deberíamos tener, que sentimos como propios pero que realmente se nos han impuesto y los tenemos tatuados en la mente. Es toda una lista que intenta meter a todas las personas en un mismo molde, como si cada persona fuese igual que las demás. Y aunque este molde igualitario no sea cierto desde nuestra primera infancia, es más fácil sentir que estamos en el “mismo camino de la vida” cuando estamos en las primeras etapas de nuestra vida, especialmente el colegio, donde solemos tener un ritmo y unas rutinas muy similares. Pero a medida que va pasando la vida, vamos viendo que los caminos de las personas que nos rodean se van diversificando, y usualmente es en este punto cuando más nos cuestionamos sobre nuestras existencias. Las preguntas que nos hacemos suelen estar rodeadas de un miedo al fracaso al ver cómo las otras personas tienen vidas aparentemente perfectas, pero sentimos que nosotros/as seguimos luchando sin encontrar nuestro destino. La problemática que solemos perder de vista es que nos fijamos en un destino en un futuro indeterminado sin cuestionarnos si es realmente lo que queremos y adicionalmente olvidamos vivir el presente. Por otro lado, es fácil pensar que la vida de los/las demás es perfecta y olvidarnos de hacer una crítica justa de la nuestra propia, siendo poco generosos en reconocer los diferentes logros que hemos tenido en nuestras vidas, minimizándolos por tener muy metido en la cabeza todo lo que aún nos falta por cumplir.

Hablando de estas muertes no esperadas, lo que más nos impactaba a mi mejor amiga y a mí era el pensar lo jóvenes que eran, lo súbito de sus muertes, los proyectos que deberían tener y el impacto en la gente que les rodeaba. A pesar de ser conscientes de que la cantidad de los años no determina la calidad de éstos, es imposible no sentir un impacto grande cuando se presentan estas circunstancias en las que se siente que la vida se acabó muy rápido y súbitamente. Son estos momentos los que nos llevan a reflexionar sobre la forma en la que estamos viviendo nuestras vidas, nos hace cuestionarnos si realmente estamos viviendo siendo fieles a nosotros/as mismos/as o si sólo estamos siendo esclavos/as del sistema que nos tiene detrás de metas que creemos muy importantes y que nos darán lo que añoramos, pero que ni siquiera son aquello que queremos realmente.

Hacer de vez en cuanto este chequeo a nuestra vida nos permite reflexionar sobre qué es lo que queremos en el momento determinado que estamos viviendo; porque a medida que pasan los años también pueden irse transformando nuestros sueños y nuestras prioridades, pero lo que no debería cambiar es la fidelidad que nos tengamos a nuestro auténtico ser. Vale la pena preguntarnos si cualquier aspecto determinado de nuestras vidas realmente llena nuestra alma. Concientizarnos de la fragilidad de nuestra existencia nos permite preguntarnos si, en caso de morir mañana, estaríamos tranquilos/as y sentiríamos que llevamos una vida plena, o si quedaría el arrepentimiento por haber aplazado x cosa/sueño/etc. sin haberla cumplido. Es importante planear sabiamente nuestro futuro, pero no debemos olvidarnos de vivir nuestro presente persiguiendo un futuro que puede nunca llegar.

 

SOBRE LA VIDA FELIZ

“Nadie es feliz sin cordura, y no está cuerdo quien apetece las cosas nocivas como si fueran las mejores. En consecuencia, es feliz quien tiene rectitud de juicio; es feliz quien se contenta con las circunstancias presentes, sean cuales sean, y es amigo de sus cosas; y es feliz a quien la razón respalda en cualquier aspecto de su cordura”

Vivimos en un mundo cada vez más interconectado y todo ocurre a tal velocidad que tendemos a perder la paciencia si las cosas no ocurren inmediatamente cuando lo deseamos. Cada día salen nuevas opciones de tener satisfacción inmediata con la liberación de sustancias como la dopamina o la adrenalina, que por su efecto placentero en nuestro cerebro es fácil que se vuelvan adictivas y que terminemos buscando más de esto que nos causó esa sensación para obtener este nivel de lo que consideramos que es la felicidad. Siento que sería un error satanizar cualquier cosa y catalogar a algo como malo o bueno de forma automática, pero siento que si podemos hacer el ejercicio de evaluar aquellas cosas que consideramos nos hacen más felices e imaginarnos un momento cómo sería nuestra vida si súbitamente ya no existiera esta cosa en nuestras vidas; ¿sería el fin de nuestras vidas? ¿sentimos que ya no seríamos felices? ¿somos incapaces de imaginarnos nuestra vida sin esta cosas? Entonces no poseemos esta cosa, sino que esta nos tiene esclavos/as de ella. Séneca nos invita en el texto no a privarnos de toda cosa material, sino a entenderla como un objeto con una finalidad, pero a no dejarlo en el centro de nuestra existencia. Nos invita a entender que debemos basar la felicidad en nuestro ser, que es nuestra responsabilidad ser felices, que no debemos dejarles esta tarea a otras personas ni a factores externos. Pueda que pocas personas logren vivir una vida completamente desatada de las cosas materiales que tenemos en la actualidad, pero sí creo que todos tenemos la oportunidad de vivir felices con lo que tenemos, sin perder las ganas de mejorar algún aspecto de nuestra vida o cumplir sueños, pero no viviendo en un sentimiento de desgracia o vacío interno por no estar todavía donde nos imaginamos en nuestra mente que deberíamos estar. Soltar las expectativas de cómo debería verse nuestra vida, las cosas que deberíamos tener, los puntos que ya deberíamos haber tachado del check-list que la sociedad inventó, nos permite apreciar el presente, disfrutarlo y seguir construyendo paso a paso la vida que nos haga felices y que sea auténtica a nosotros mismos.

***

En conclusión con este libro les quiero invitar a reflexionar sobre sus vidas enfocándose en la importancia de vivirla al máximo, sin ataduras a factores externos, sino procurando ser fieles a nosotros mismos y cumplir los sueños que realmente hagan brillar nuestra alma.

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El empoderamiento a través de la Alfabetización en salud (Health Literacy)

 

A mis colegas médic@s les quiero preguntar ¿cuándo fue la última vez que se sentaron a explicarle a su paciente – por el tiempo que éste/a lo requirió – el diagnóstico y tratamiento que le acaban de plantear? ¿cuántas veces se han sentido frustrad@s de ver que sus pacientes no han seguido sus recomendaciones?

A todas las personas que hayan ido alguna vez al médico les quiero preguntar ¿qué tan satisfech@s han quedado con la información brindada por su médic@? ¿qué tanto han entendido del diagnóstico y del tratamiento que les dieron? ¿qué tanto se han informado después de recibir un nuevo diagnóstico, tratamiento u otra recomendación médica?

Si esto les pone a reflexionar, tal vez estén más familiarizados con el concepto de Health Literacy de lo que creen.

La alfabetización en salud (Health Literacy en inglés) es entendido como la capacidad individual de entender y manejar información sobre salud. Esta capacidad les permite a las personas (en el sistema de salud llamados pacientes) manejar adecuadamente el sistema de salud y lograr seguir correctamente las recomendaciones preventivas y terapéuticas que se les da. Requiere de la motivación y posibilidad de acceder, entender, evaluar y aplicar la información para tomar decisiones en la vida cotidiana sobre la salud y la enfermedad tanto desde la prevención como desde el tratamiento, con el objetivo de mantener o mejorar la calidad de vida. Usualmente se asocia a una mayor adherencia terapéutica y mejores resultados clínicos. El objetivo es que el individuo sea capaz de adquirir conocimiento práctico y capacidades con respecto a la salud y la enfermedad de su cuerpo, como de la salud en general.

El objetivo de incrementar la alfabetización en salud es lograr finalmente una equidad en salud, que es la obtención del nivel más alto de salud para todas las personas, y esta sólo será lograda una vez todas las personas tengan la oportunidad de ser tan saludables como sea posible, sin estar sujetos a barreras sistemáticas o de desinformación. A pesar de que estas barreras pueden afectar a cualquier persona sin importar edad, raza, estatus socioeconómico o nivel educativo, es claramente más impactante en estratos socioeconómicos bajos y grupos minoritarios, teniendo un impacto claro en peores resultados clínicos y mayor costo para el sistema.

La Health Literacy está basada en el derecho que tiene toda persona a información bien documentada y aclarada que le permita tomar decisiones informadas y la obligación que tiene todo sistema de salud de brindar esta información de forma que sea fácilmente entendible y sea benéfica en salud y calidad de vida. Sin información clara y un entendimiento adecuado sobre la importancia de la prevención y manejo de ciertas enfermedades, las personas tienden a olvidar exámenes/tratamientos médicos necesarios, y tienden a asistir más a servicios de urgencias por complicaciones en el manejo de una enfermedad crónica.

Estas competencias se transmitirán a través de la cultura, la educación y la formación, y por eso es que dependen en gran medida del contexto sociocultural del que provenga la persona. Adicional a la información general son importantes algunos aspectos más especializados del conocimiento, como por ejemplo riesgos de salud tanto personal como colectivo o medidas para el mejoramiento de las condiciones de vida asociadas a la salud. Fomenta la motivación personal para utilizar esta información sobre salud en el mundo individual y transmitirla para beneficio mutuo con quienes se está en contacto (ej. familia, trabajo, sistema de salud). Pretende incrementar el control y empoderamiento sobre la salud y los factores que influyen en ésta.

Para lograr una mayor alfabetización en salud es necesario una adaptación basada en las necesidades del receptor de esta información acorde a su educación, estilo de vida, y expectativas. Se ha visto que rara vez se tiene en cuenta la inequidad existente en los sistemas de salud, que terminan uniendo este concepto a “responsabilidad propia de la salud”, pero sin un cambio significativo en la estructura de enseñanza que sigue dejando a quienes menores oportunidades socioculturales tengan a la deriva.

Un cambio de perspectiva del sistema de salud paternalista, en el que el médico toma las decisiones sobre tratamiento (tanto con como sin medicamentos) sin cuestionarse la posición del paciente con respecto a las decisiones tomadas, a un sistema de intercambio de información en el que el médico comparte la información relevante al paciente (explicada en términos que el paciente REALMENTE entienda) y que el paciente comparte sus dudas, miedos, preguntas e incluso sus posibilidades de cooperación con el tratamiento planteado (porque es muy fácil escribir en una fórmula médica que el paciente debe seguir una dieta a punta de salmón, pero el problema empieza cuando esta dieta no va a ser seguida por el paciente que no desea comer salmón o sus posibilidades económicas no lo dejan seguir la recomendación). Esto permitirá un acercamiento diferente a la salud, en la que el paciente se empodere de su salud, conozca información de calidad sobre sus diagnósticos y entienda el por qué un médico le está recomendando cierto tratamiento, que idealmente se ajuste a la realidad socio-económica del paciente. Claro está que idealmente el sistema debería transformarse de tal forma, que la opción saludable no debería ser un privilegio, sino que debería estar al alcance de todos.

En cada intervención médica (que empieza desde la charla con el paciente en la consulta) se pueden ver potenciales mejoras al empoderamiento en salud del paciente. Las estrategias son varias, y cada uno puede encontrar una a su medida.

¿Qué puedo hacer como médico para mejorar la alfabetización en salud de mis pacientes?

  1. Un buen inicio es hablando en términos comprensibles para nuestr@s pacientes: Nadie es un experto en todas las áreas del conocimiento y estoy segura de que si un/a astrofísic@ me explica su ciencia en los términos técnicos, probablemente no entienda mucho de lo que me dice, pero si esta misma persona me explica en términos que yo como no-astrofísica entienda, probablemente logre un mayor entendimiento de su explicación. Apliquemos la bella teoría de “si no logra explicárselo a un niño de 5 años, es porque no entiende bien el tema”.
    1. Cuando nuestr@s pacientes reciben información bien documentada, pero de fácil comprensión y aplicabilidad, estarán en mejores condiciones de tomar acción para proteger y promover su salud y la de aquellos que los rodeen.
  2. Incluyamos a nuestr@s pacientes en la toma de decisiones: No seamos paternalistas pensando que toda decisión que tomemos “siempre será en búsqueda del mayor beneficio para nuestr@ paciente”. Hablemos con la persona que está al frente nuestro, entiendamos su contexto histórico y socio-culturo-económico, sus dudas, miedos y angustias con respecto a la información que le acabamos de brindar, para JUNTOS llegar a la mejor opción terapéutica que se ajuste a la realidad de esa persona.
    1. Les pongo el ejemplo de alguien que tenga una falla en el funcionamiento de su riñón (enfermedad renal crónica) y necesite una máquina que haga la función del riñón (diálisis renal) para seguir viviendo. Para el personal médico que toma la decisión es claro que la diálisis podrá hacer la función del riñón mientras se encuentra un(a) donante, pero ¿qué pasa cuando el/la paciente no quiere estar pegado a una máquina 3 veces por semana? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para explicar la información que nosotros tenemos como médic@s de forma clara y entendible para esa persona? ¿Nos tomamos el tiempo suficiente para entender por qué toma esa decisión que va en contra de la mía?
    2. Toda decisión terapéutica debe tener en cuenta lo que ESA PERSONA realmente quiere; no su médic@, no sus familiares, no es basarse en suposiciones, sino en una realidad. Por eso es siempre recomendable tener ciertas charlas “difíciles” con nuestr@s familiares y médic@s para que podamos expresar y aclarar nuestros deseos a la hora de enfrentarnos a decisiones difíciles (reanimación, trasplante, ventilación, etc.).
  3. Cuando hablemos con nuestr@s pacientes y les expongamos una información, es importante pedirles que repitan la información con sus palabras para asegurarnos cuánto entendieron realmente y tomémonos el tiempo de explicar (con otras palabras) aquello que no haya quedado o las dudas que hayan surgido.
    1. Si deseamos una mayor adherencia a las recomendaciones dadas, debemos asegurarnos que quien está frente nuestro entienda la información y vea la relevancia que tiene. Ejemplo: si nuestr@ paciente no entiende la relevancia de los anticoagulantes en el tratamiento de la fibrilación auricular, ¿por qué habría de tomar los medicamentos con la rigurosidad que deseamos? Empecemos por explicarle qué es la fibrilación auricular, los riesgos que trae y por qué son importantes los anticoagulantes.
    2. Recuerdo que durante la carrera muchas personas se burlaban de mí por explicarles a l@s pacientes con dibujos, expresiones no técnicas, o mímicas o cualquier otro método que se me ocurriera lo que les quería transmitir. Pero siento que me ha permitido informar mejor a las personas; pues a nadie le gusta sentirse “bobo” de no entender una información y son poc@s l@s pacientes que dirán “no entiendo” aunque realmente no hayan comprendido lo que les acabamos de decir.
  4. Promovamos en nuestro sitio de trabajo el diseño de diferentes herramientas para difundir información sobre salud y prevención que sea correcta científicamente, accesible y de fácil implementación para quien la recibe.
  5. Aprovechemos cada oportunidad con nuestr@ paciente para empoderarle más en su salud
    1. Soy consciente que el sistema está diseñado para que todo sea hecho a toda carrera, sin tiempo para explicaciones, pero seamos rebeldes, que seguro ese tiempo extra que le dediquemos a nuestr@s pacientes se verá recompensado en mayor adherencia al tratamiento con menores recaídas de la enfermedad.

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Crazy Socks 4 Docs

Hoy, 7 de junio, es un día en el que anualmente se procura concientizar a la población tanto médica como no médica sobre la importancia de la salud mental. Este día nació en 2017 cuando el Dr. Geoff Toogood, sufriendo un estado de depresión y ansiedad durante el ejercicio de su profesión médica, fue abordado por un colega empático que le hizo concientizarse sobre su estado de salud mental al observar que tan mal estaba que ni se había dado cuenta que llevaba medias diferentes. Claro está que la salud mental es un tema transversal para todas las personas, pero el 7 de junio se hace énfasis en el personal médico por el riesgo elevado que tiene de presentar afección de la salud mental en comparación de la población general.

Antes de empezar la carrera de medicina es normal escuchar a las personas decir que quieren ser médicos porque quieren salvar vidas. Yo también tenía esa visión de la medicina, y entré a la carrera convencida de que eso era lo que iba a aprender; a salvar a las personas. Entrar a la parte más práctica de la carrera, donde se empieza a interactuar cada vez más con los pacientes resulta muchas veces en un impacto o shock a lo que uno esperaba que fuera a ser la práctica médica. Una cosa es leer sobre enfermedades, saber síntomas, conocer pronósticos de sobrevida, entender opciones terapéuticas, pero otra muy distinta es tener a una persona al frente tuyo y ver cómo todo eso que se leyó se convierte en algo mucho más tangible. Con el tiempo vamos bajándonos de la nube de salvadores y entendemos que es mucho más lo que podemos ayudar a las personas en su sufrimiento que simplemente batir una varita y hacer desaparecer todos los males que aquejan al mundo. Enfrentarnos con la muerte de una forma muy diferente a la población general tiene un claro impacto en este sentido. Mis papás también son médicos y recuerdo una ocasión en la que le preguntaron a mi papá si aún recordaba el primer paciente que “se le había muerto”. Mi papá, con más de 30 años de experiencia respondió que sí, y a mí en ese momento me pareció algo impresionante; que a pesar del tiempo aún se acordara de esa persona. Pero ahora que ya he tenido la fortuna de haber tenido contacto con muchas personas/pacientes he de decir que yo también recuerdo clara y nítidamente la primer paciente que falleció estando “bajo mi cargo”, y también recuerdo otras muertes de ciertos pacientes; fuera por la historia alrededor de la muerte, por las circunstancias que rodearon la vida o muerte de esa persona, fuera por las conversaciones que hubiésemos tenido, por la conexión emocional que haya generado, en fin, hay diferentes factores que nos marcan a ciertos pacientes y hacen que les podamos recordar aún años después de haber fallecido y entre los miles de pacientes con los que tenemos contacto durante el ejercicio de nuestra profesión.

Este contacto con la muerte tiene implicaciones en la forma en la que vemos la medicina. Habrá quienes digan que el personal médico se vuelve insensible con los años, pero creo que hay una gran cantidad de profesionales de la salud a quienes que realmente les preocupan sus pacientes, que realmente les impactan su sufrimiento o muerte, y realmente les alegra ver algún progreso en la salud de quienes están a su cargo.

Hay varios factores que contribuyen a esta forma de ser que en ocasiones se ve como característica de la profesión médica. Por un lado, es importante no olvidar que esa médica/ese médico que acaba de dar una mala noticia a un/a paciente o familiar les deja afrontando su dolor como experiencia única, mientras que debe salir de ese cuarto y enfrentarse a otras personas que también merecen su atención y cuidado. Cuando se tiene que ver a 10, 20, 30, o más pacientes en un día, no es fácil poder parar a empatizar en el dolor como muchas veces quisiéramos, y eso, en varias ocasiones, se convierte en un sufrimiento interno que termina enfermándonos como personal de salud.

Otro factor que contribuye a este fenómeno que les comento es el sistema educativo médico, que exalta características de la personalidad como el perfeccionismo, el alto sentido de responsabilidad, la entrega incondicional y el sacrificio.

Fuimos educados en un sistema donde la vulnerabilidad es vista como debilidad, donde el médico es ese ser fuerte, todopoderoso, conocedor de toda la mejor verdad y en capacidad de poder afrontar cualquier reto que se le ponga enfrente. Recuerdo mis experiencias de autopsias (afortunadamente pocas) con cierto sentido traumático. Mi primera autopsia fue en cuarto semestre, que veíamos patología. A cada grupo de estudiantes nos asignaban un día para acompañar en una autopsia a alguna de las especialistas. El caso que nos correspondió a nosotros fue el de un nacido muerto. No sólo es impresionante ver a un cuerpo tan pequeño en una sala fría como las son las morgues, sino que el dolor que sentí de ver que todo se veía normal, que todavía no se explicaba la causa de muerte con sólo estudiar al feto, sino que se debía esperar a que llegase la placenta a ver si había sido alguna causa “de la madre” que hubiese “causado” la muerte de ese bebé, que hizo que empezara a llorar. La patóloga me sacó de la sala diciéndome “sal, ve al baño, te limpias la cara y te controlas, antes no puedes regresar”. Otra autopsia que me marcó fue la de un pequeño de unos 3 años de edad que había fallecido en un orfanato en Bogotá. La patóloga, al verme alterada, me preguntó extrañada si era madre (como si esa fuera la única razón por la que pudiera estar mal), y no se le ocurrió que el simple hecho de ser empáticos nos hace sentir el sufrimiento y dolor ajeno. Por más que entienda que es parte del trabajo, me cuesta creer que la única forma de ser médicos sea poniéndonos unas barreras que nos impidan sentir dolor con quien está frente nuestro. Tal vez, mientras las patólogas veía un paciente más, yo veía toda la película del contexto social que está detrás de cada muerte. Es por eso que, aunque el sistema nos quiera hacer pensar en los pacientes como casos clínicos, nunca deberíamos olvidar que tenemos es a un humano con un contexto histórico, sociocultural, económico y emocional, tan complejo que no se puede reducir a un diagnóstico o un cuarto de hospital. Premiar esa frialdad emocional y perfeccionismo hace que muchos profesionales de la salud se desconecten de sus emociones básicas y muchas veces el guardarse todo eso termina generando problemas en otros ámbitos de nuestras vidas.

El sacrificio, la entrega incondicional y el alto sentido de responsabilidad son otras características que conllevan a esta caracterización médica, pues ante largas jornadas laborales, déficit de sueño, sentimiento de culpa por no hacer el 100% y hasta más, y el aislamiento a causa de encerrarnos en la medicina (tanto académica como laboralmente) hace que la capacidad de conexión con otros seres humanos se vea afectada. Quien no se encuentre en un estado de salud y equilibrio adecuado, no tendrá la misma capacidad de cuidar de otros que si tuviera oportunidad de cuidar de sí mismo. Eso también lo he vivido en carne propia… no ha sido fácil, pues estuve convencida de esas verdades como si fueran los mismísimos mandamientos escritos en piedra, pero ahora que llevo un tiempo “obligándome” a cuidar de mí salud física y mental, he podido ver los beneficios que puede traer tanto en mi vida personal como en mi práctica profesional. Una de las clases que más me marcó durante la carrera fue la de oncología pediátrica; una charla con una pediatra, en la que nos contaba no sólo sobre oncología pediátrica (tema que de por sí es pesado e hizo que la mitad del auditorio terminara con lágrimas en los ojos) sino también de las formas en las que ella procuraba cuidar de sí (hacía kick boxing, pues necesitaba descargar toda la energía que tenía acumulada después de tratar con este tipo de enfermedades a diario) para poder cuidar mejor a sus pacientes.  

 

Con todo esto quisiera mandarle varios mensajes a mis colegas y amigos, que nace de la empatía que siento con cada uno de ellos en su vivencia humana en esta profesión. Algunos de los mensajes también pueden aplicar a personal no médico, pues el objetivo de concientizar sobre salud mental es que todas las personas estemos mejor.

1. Prioricemos tener un equilibrio adecuado entre nuestra vida personal y nuestra profesión

Hay un momento para cada cosa en la vida. Está bien desconectarse después del trabajo y no contestar temas laborales mientras estamos en casa, con nuestras familias, o simplemente no “de turno”.

Buscar activamente mantener y fortalecer las relaciones que tenemos con nuestras familias, amigos, parejas es clave para poder mantenernos cuerdos entre tanto sufrimiento que puede rodear nuestra profesión.

No importa cuántos logros académicos tengamos en la vida, si no tenemos con quien celebrarlos se sienten vacíos. Detrás de cada médica/médico hay una persona de carne y hueso, con necesidad de conexión emocional y llena de experiencias, emocionas y sentimientos que nos hacen los seres complejos que somos. Salgámonos de ese papel de robots que viven mecánicamente sus vidas y entendamos que una red adecuada de seres amados nos enriquece nuestra vida, que va mucho más allá de ser médicas/médicos.

2. No hagamos de la medicina nuestra identidad

No somos sólo médicos/médicas, somos seres humanos con un contexto mucho más complejo, así que dejemos de identificarnos esa etiqueta exclusivamente. Nuestra profesión no es lo único que determina quienes somos. Es bueno a veces pausar y pensar en quienes somos fuera de esas batas blancas. Estamos tan acostumbrados a definirnos por nuestras profesiones que olvidamos muchas veces nuestra esencia.

3. Tomémonos el tiempo de hacer aquello que nos recargue de energía física y emocional

Cada persona tiene pasatiempos diferentes y es triste ver que, muchas veces, durante la carrera y ejercicio profesional se ven sacrificados porque “no hay tiempo”. Es importante hacer aquello que haga nuestra alma brillar, recargarnos de energía para poder servir desde la plenitud. Si en este momento les cuesta pensar en una “actividad extracurricular”, piensen en lo que les hacía felices antes de empezar la carrera; sea hacer ejercicio, leer, escuchar música, ir a conciertos, cocinar, hacer manualidades, jugar videojuegos o juegos de mesa… en fin, las opciones son variadas y validas. Ese tiempo que nos regalamos a nosotros nos reconecta con nuestra humanidad y, estoy segura, nos hace mejores profesionales.  

4. Rompamos patrones generacionales de generación de ambientes de mal-trato

Muchas veces en la carrera nos enfrentamos a ambientes cargados de maltrato, de agresiones verbales (y a veces físicas), a injusticias o castigos (muchas veces exagerados), que están justificados ante la premisa de “forjar y formar carácter”. Como si para ser médico la única opción fuera la de un camino tortuoso y sufrido con sangre, sudor y lágrimas. No estuve en ese momento de acuerdo con esa filosofía y actualmente tampoco lo estoy.

Creo que la vida se puede vivir bonita, creo que conectar con nuestra vulnerabilidad nos hace conectar mejor en comunidad, creo que podemos ejercer desde el amor y el querer ayudar y cuidar al otro.

A medida que van pasando los años y vamos “escalando en la carrera médica”, vamos llegando a puntos de nuestras carreras donde cada vez tenemos a más estudiantes, internos o hasta residentes a nuestro cargo, así que nos invito a romper esos patrones que vivimos durante nuestra carrera y empezar un cambio radical en el que el bienestar del personal médico sea vital y sea fomentado. Procuremos generar espacios para que tanto nosotros como el personal en formación a nuestro cargo pueda tener el tiempo de dormir bien, comer adecuadamente, tener tiempo libre y una vida más allá de la medicina… en fin, de hacer cosas básicas para cualquier ser humano.

5. Está bien necesitar y pedir ayuda

Como personal de salud somos buenos en ocultar que estamos mal y somos malos en pedir ayuda. Tal vez por eso las tasas de suicidio en el personal médico sean tan elevadas a comparación de la población general; tal vez el evitar pedir y recibir ayuda en el momento adecuado nos termina metiendo en un hoyo negro del que cada vez vemos menos la salida. Es importante normalizar que “está bien no estar bien”, “esta bien pedir ayuda”, “está bien necesitar una pausa, necesitar alejarnos para recargarnos y volver para dar lo mejor de nosotros”, y es hora de dejar de estigmatizar los temas relacionados con salud mental como factores debilitantes que impiden a una persona poder ejercer como médica/o.

Creo que el vivir o tener una experiencia cercana con ciertas afecciones emocionales nos puede abrir una puerta para ser más empáticos y entender realmente el dolor y sufrimiento que puede estar sintiendo esa persona que está frente nuestro. Así que podemos empoderarnos de esas experiencias duras que hemos vivido durante nuestra carrera y convertirlas en algo bueno para nosotros y quienes nos rodean.

6. Abrámonos a tener charlas profundas con quienes nos rodean

Es fácil responder a un “¿cómo estás?” con un “bien”, así sea mentira, pues estamos envueltos en una sociedad en la que usualmente 1) no preguntamos para escuchar realmente la respuesta y conectar con ella, 2) no es usual encontrar un espacio donde se profundice un “estoy mal”, pues todos vamos a la carrera de un lado a otro, mucho más preocupados por nuestros quehaceres que por quienes nos rodean, 3) no nos sentimos a gusto de hablar de nuestros sentimientos.

Hoy quiero invitarles a cambiar este escenario; les invito a estar más conscientes de lo prevalente y real que son los trastornos de salud mental y a estar más conectados con quienes nos rodean para que la pregunta de "¿cómo estás? "no sea una cortesía sino una real invitación a hablar temas difíciles que pueden estar afectando nuestra vida personal y/o laboral. Tal vez logremos prevenir casos graves si hacemos las preguntas adecuadas, en el momento oportuno y con una intención real de escuchar y apoyar. También nos invito a conectar con nuestros sentimientos y buscar en nuestra red de apoyo (tanto médica como no-médica) para poder abrirnos a este tipo de conversaciones.

7. Seamos generadores de bienestar en nuestro entorno

En general el implementar los consejos o mensajes que les acabo de decir pueden abrir el espacio para que otras personas también lo hagan, y así, tal vez, generemos un efecto tsunami de bienestar físico y mental, que tanto bien nos haría.

 

P.D.: Si hoy llevan las medias disparejas en conmemoración al “CrazySocks4Docs” no lo hagan por tendencia, sino con la intención de concientizar (tanto a ustedes como a las otras personas) sobre la importancia que tiene la salud mental.

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Reflexiones dolorosas sobre

los sueños y la vida

 

Desde hace un par de días mis redes sociales se han llenado de mensajes con respecto a la dolorosa muerte de una residente de medicina de la universidad de donde me gradué en Colombia. Me puse a reflexionar sobre cuántas veces he visto estos movimientos en redes cuando alguien del personal médico termina tomando la decisión de suicidarse después de sufrir maltratos y abusos mientras intenta cumplir su sueño de ser médica/o o de ser especialista. Me impacta ver que el ciclo siempre es el mismo; normalizamos el maltrato, el abuso y el acoso, nos vemos obligadas/os a callar para no ser la siguiente victima o por el miedo a perder una rotación/semestre/etc., y luego nos vemos inundadas/os de desesperanza al escuchar la noticia de otra víctima de este sistema que termina encontrando en la muerte la única salida a su desgracia.

Soy consciente que sola no tengo ningún poder para cambiar el sistema, pero tengo la ilusión de que con este mensaje seamos más las personas que hablemos abiertamente de este tema, que generemos más impacto a ver si de una vez por todas terminamos con este ciclo de dolor y sufrimiento al que gran parte del personal médico se ve sometido.

Hace años nació en mí el sueño de ser médica. Recuerdo en la entrevista para entrar a la universidad la pregunta típica del por qué se quiere ser médica/o y recuerdo que es frecuente esa respuesta (típica???) de querer ayudar a la gente. Mi deseo realmente es ese, tal vez se mezclen en mí otros factores como la fascinación por descifrar misterios del cuerpo como en Dr. House o algún otro factor, pero realmente creo que todavía hay un grupo significativo de personas que buscan por medio de esta profesión ayudar a otras personas.

En la carrera se nos enseña como principio máximo el “primero no dañar”, usualmente pensado en los pacientes, pero lo que olvidamos es el no dañar a quienes nos rodean en esta profesión. Hemos normalizado tanto el maltrato que a veces ni nos damos cuenta de la víctima que hemos sido durante estos años de formación (desde el pregrado hasta los más altos grados de especialización). Esta mañana escuché el video que subió el Dr. Carlos Jaramillo relatando sus experiencias como residente de cirugía general y los horrores que tuvo que vivir hasta el punto en el que tuvo que renunciar a su sueño de ser cirujano general (si no lo han visto, se los recomiendo; https://www.instagram.com/reel/C9sXQlIORRD/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA==). Lloré al verlo y me puse a hacer muchas reflexiones que me llevaron a decidir escribir sobre ellas (tenía pensado otros temas para volver al Blog después de la pausa que me tomé, pero me ha movido tantos sentimientos este tema que decidí escribir de esto).

Viviendo la carrera de medicina muchas veces no se es consciente de los maltratos y abusos que se viven, siendo mujer se nos obliga a normalizar gran parte del acoso sexual que se vive en los ambientes de formación para no ser tildadas de exageradas o de histéricas, así que ha sido más fácil poder evaluar todo en retrospectiva. Creo que quien pueda decir con total seguridad que no haya sufrido nunca ningún tipo de maltrato en su formación médica sería la grandísima excepción a la regla que hemos vivido todas/os. Hoy le comentaba a mi esposo que ya las cosas habían mejorado porque las historias que nos contaban es que “antes los residentes de cirugía general se agarraban a puños en el parqueadero y ahora no”…. Hasta que reflexioné y me dije “¿cómo es que hemos normalizado todo que el hecho de no sufrir golpes físicos ya se considera gran mejoría cuando todavía hay tantos maltratos que ocurren diariamente?”.

Nos meten en la cabeza ese cuento de que “no es maltrato”, es formación; de que esa es la forma en la que vamos a poder ser buenas/os médicas/os, porque para ser médica/o se necesita aguantar y soportar, porque es una vida dura en la que no caben débiles, que nos creemos que el cuento de que todo ese aguante nos hará mejores profesionales, y nos da la esperanza de cuando ya seamos esa/e especialista que soñamos ser (casi que desde antes de empezar la carrera) todo ese sufrimiento habrá cesado y habrá valido la pena. Pero no nos damos cuenta que ese círculo vicioso de “como a mí me maltrataron y me tocó duro pues a las/los que vienen detrás de mí también les tocará así” nos está deshumanizando, nos está oprimiendo y nos está robando la vida.

Es irónico ver que el último texto que escribí en SanaMenteAlegre fue justamente el día de CrazySocks4Docs, en el que se busca hacer énfasis en la salud mental del personal médico, que ha sido un tema tabú a tal punto que da miedo tener un diagnóstico pues se puede volver otra fuente de maltrato por “ser débil”. Así que estar escribiendo hoy sobre otra víctima de este sistema de formación médica me duele profundamente, pues sin importar el esfuerzo que se haga para mejorar la calidad de vida de los profesionales de la salud siempre tenemos que esperar a darnos de narices contra la puerta del suicidio para volver a prender alarmas; alarmas que duran mientras dure el furor de redes sociales y que luego con alta probabilidad se volverá a callar para entrar en el mismo ciclo de sufrimiento y dolor hasta que otra víctima nos haga pensar si alguien a quien conocemos podría ser el siguiente, o incluso si nosotras/os mismas/os podríamos ser las/los siguientes.

Durante mi carrera siempre pensé que mi único camino era graduarme y prácticamente al día siguiente ser residente para poder hacer la especialización médica que sabía que quería hacer desde que estaba en el colegio. Pero por cosas dela vida terminé teniendo la oportunidad de conocer otro sistema de salud (el alemán) que me permitió reflexionar sobre las residencias médicas en Colombia, donde a los residentes (a pesar de que se pasan día y noche trabajando en el hospital; por eso se llama residencia, porque prácticamente residen en el hospital) se los trata de estudiantes que deben pagar para poder trabajar, a quienes no se les respeta ningún horario laboral, es más quienes no cuentan con derechos laborales mínimamente adecuados, y a quienes les toca renunciar a gran parte de su vida personal para poder estar ahí. Aún recuerdo la frase que me dijo un amigo mío al entrar a residencia de neurología “lo más duro es saber que voy a ver la vida de quienes me rodean avanzar en estos cuatro años mientras que la mía se verá estancada para poder hacer la residencia y ser neurólogo”.

Cuando descubrí que había sistemas de residencia diferente al que existe en mi país, me puse a investigar. Tuve la grandísima fortuna de contar con el apoyo de mi familia para poder hacer parte de mi internado en Alemania para seguir haciéndome una idea de si era el sistema que quería en mi vida, y lo fue. Soy privilegiada de haber podido elegir migrar y de haber podido decidir las condiciones mi residencia médica, pero soy consciente de que esta opción no es viable para todo el mundo. Es más, soy también consciente de que aún fuera de Colombia y en países donde uno cree que ya todo es mejor, también se pueden vivir casos de maltrato y de abuso laboral. Como ya les he contado en otros momentos, el primer lugar donde llegué a trabajar en Alemania fue un lugar donde terminé sufriendo de abuso laboral al punto que terminé presentando ataques de pánico y tuve la necesidad de incapacitarme. Fueron momentos en los que la opción de dejar de existir fue real para mí. Estaba tan exhausta que ni tenía las fuerzas para planear y ejecutar un suicidio, así que por mi mente pasaban preguntas cómo “¿y qué tal si simplemente me atropella un carro y muero?” o hasta “¿qué tal si me coge una bala perdida?” (cosa poco probable en Alemania, pero que igual se me cruzaba por la cabeza como solución a mi desesperanza). Como les dije en ese momento, lo que me salvó a mí fue mi red de apoyo, la posibilidad de consultar a una psicóloga a tiempo y la fortuna de haber conocido a una compañera de residencia que me dio la mano para poder irme de ese hospital a otro donde realmente todo era más bonito y donde pude volver a ejercer sin el agotamiento metal y físico que estaba viviendo.

Creo que muchas veces las personas que son ajenas al sistema de salud no ven el detrás de cámara que vive el personal de salud para estar donde está, y es algo que tristemente es normal, pues como se nos educa a no mostrar debilidad termina siendo difícil que otros vean el dolor real que se vive día a día en esta profesión. Realmente creo que la minoría de médicos son unos desalmados insensibles, creo que la mayoría hemos tenido que buscar mecanismos de supervivencia al dolor que vemos tanto en nuestros pacientes como el que vivimos en carne propia. Mantener la propia humanidad, empatía y sensibilidad en un mundo de maltrato es un reto y la revolución más grande que se le puede hacer a este sistema. Estoy segura que no somos la única profesión que sufre, pero las tasas de suicidio de las/los médicas/os son realmente alarmantes y es por eso que ver noticias de un nuevo caso son tan horribles pero al mismo tiempo tan frustrantes al saber que tal vez estemos en las mismas en algún tiempo.

Hoy también pensábamos con mi esposo que tenemos la gran fortuna de estar en un sistema de residencia diferente, donde cuento con 30 días calendario de vacaciones anuales, salario bueno, horarios respetados (en gran medida, a veces se trabaja un poco más de lo esperado, pero no al nivel de Colombia donde los “turnos de castigo” siguen existiendo), y sobre todo con la posibilidad de tener una vida como decida tenerla; en términos de vida personal, de pareja e incluso de poder decidir si y en qué momento ser madre. Pero al mismo tiempo nos poníamos a pensar en el por qué tiene que ser así; ¿por qué tuvimos que dejar nuestro país, nuestras familias, nuestros amigos, y toda la vida que teníamos ahí formada para poder tener una vida con derechos humanos decentes? ¿por qué buscan tantos médicos salir del país para poder tener seguridad de ejercer su profesión? ¿por qué seguimos permitiendo que el sistema que nos rige y nos forma se base en el maltrato, abuso y acoso?

Recuerdo hace un tiempo que viajé a Colombia y veía a varias/os compañeras/os de mi promoción graduándose de especialistas y mi mamá me decía “nenita, si te hubieras quedado tal vez tu también ya serías especialista”. He de admitir que me dio duro ver esos grados, pues yo apenas estoy empezando un largo camino por temas de homologación y de cómo funciona la residencia en donde me encuentro, pero también tuve la oportunidad de reflexionar sobre las decisiones que yo he tomado; yo estoy viviendo mi vida mientras hago mi residencia a mis términos, y no tengo que contar “cuántos turnos me faltan para acabar con la residencia y al fin ser libre de este sistema”. Se supone que estamos en una residencia médica porque estamos estudiando aquello que amamos y que queremos ejercer, así que ¿por qué tenemos que contar los días para que se acabe la residencia? ¿por qué tenemos que aguantar todo con tal de llegar a ser especialistas? ¿por qué tenemos que normalizar todo ese sufrimiento y guardarlo bien dentro para que los demás no nos tilden de “flojas/os, exageradas/os, histéricas/os, o lloronas/es”?

La gente dice que “hoy la medicina está de luto”, pero yo creo que el luto que llevamos dentro es mucho más largo, pues deberíamos estar hartos del sistema que nos hace creer que algo bueno surgirá del maltrato. Hoy, gracias a las experiencias que he tenido la gran fortuna de vivir, puedo ver que hay formas diferentes de ejercer y de formarse en la medicina, que es posible tener calidad de vida y ser buen profesional, que tener una vida personal y  que hacer respetar nuestros espacios personales y tiempo fuera del hospital nos permite recargarnos para poder brindar un mejor cuidado a nuestros pacientes, que todas las personas merecemos respeto, trato digno, una formación basada en el interés de que todas/os mejoremos y no en las ganas de ver cómo hacer quedar al otro mal para poder brillar, que los sistemas opresores de jerarquización sólo llevan a círculos viciosos de maltrato, que el desestigmatizar la salud mental nos permite a todas/os recibir una ayuda pertinente y que esta salud mental no debe ser sólo tratada en caso de enfermedad, sino que debe ser una prioridad desde la prevención y la promoción (con acciones más reales a un chocolatico de agradecimiento o un aplauso a las 8pm por el gran servicio que se hace como médicas/os, sino con acciones tangibles…como los derechos laborales adecuados y un trato digno).

Hoy les mando un abrazo muy grande a todas/os mis colegas, tanto en Colombia como en otras partes del mundo. Espero que momentos como este logren generar una ola de reacciones lo suficientemente grande que realmente se dé un cambio del sistema y que ya no nos “toque aguantar” la residencia, sino que podamos disfrutar la formación para cumplir nuestro sueño de ser médicas/os.

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Bertha
hace 7 meses

Es vital seguir dando la lucha por un trato Digno y Respetuoso a todo el personal médico tanto de Pregrado como Postgrado, donde la Salud Mental de los medicas/os en nuestro país sea un pilar preventivo que redunde en mentes y cuerpos sanos, para brindar una atencion igualmente humanizada hacia nuestros pacientes.

Desidentificarnos de nuestros sueños y resonar con nuestra esencia

 

Consciente o inconscientemente tenemos la costumbre de identificarnos con nuestros sueños, de hacerlos algo tan representativo de nosotros que nos cuesta considerarnos desligados a ellos.

Para poner un ejemplo les pongo mi sueño de ser médica internista que he tenido desde que estaba en el colegio. Mucho tiempo estuve convencida que ese era mi único camino a seguir, pero la vida me ha mostrado otras puertas con oportunidades diferentes y he podido priorizar otras cosas que resuenan más conmigo y me han hecho más feliz que simplemente dedicarme a seguir en la rueda de Hamster profesional, donde por más que se corra, nunca se llegará al destino satisfactorio y final. No he abandonado mi sueño, pero lo he transformado a lo que realmente me haga feliz.

Estuve pensando el otro día lo que implican nuestros sueños y aspiraciones. Siento que es importante tener metas en la vida, que nos impulsen a ser mejores versiones de nosotros, pero siento que el problema está en dejar que el mundo nos haga confundir con respecto a lo que es un sueño que "vale la pena" y el otro es el identificarnos a tal punto con estos sueños que si no se llegan a dar ya ni sabemos quienes somos.

Desde pequeños nos insinúan que debemos tener 1 sueño que queramos cumplir de "grandes". Usualmente este sueño tiene que ser de carácter profesional y suele implicar esfuerzo, sacrificio y aplazar el vivir nuestras vidas. No digo que sea malo tener un sueño profesional, ni que no debamos esforzarnos durante nuestras carreras profesionales, pero he visto que hay momentos en los que nos vemos tan metidos en este mundo, en el que nos hacen sentir que siempre tenemos que hacer más, dar más, y sacrificar más... que terminamos sacrificándolo todo; a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros hobbies e incluso a nosotros mismos. Y nos terminamos identificando con este sueño a tal nivel que sólo existimos en función de nuestra profesión... o sólo piensen un momento qué es lo primero que contestamos cuando nos preguntan quiénes somos; la respuesta suele ser nuestra profesión, y no lo que caracteriza nuestra esencia.

Si este año algo me ha mostrado es que la vida es corta, que no la tenemos comprada, y que no sabemos lo que nos depara el futuro, así que siento que lo mejor es vivir el presente, disfrutar las bendiciones que hemos recibido, no desaprovechar la oportunidad de expresar amor y gratitud, y sobre todo, no cerrarnos a las puertas que se nos abren en el camino... porque pueda que no fueran lo que buscábamos o creíamos querer, pero pueda que sean justo lo que realmente necesitábamos.

Así que, de vez en cuando, creo que vale la pena sentarnos en silencio y reflexionar sobre cómo quisiéramos que se viera nuestra vida en 10 años. Ponerle esa perspectiva a un mediano plazo nos da la oportunidad de ver qué prioridades tenemos en nuestra vida; así éstas no se vean iguales que la de las personas a nuestro alrededor o las que nos han querido vender como válidas.

A veces las cosas no salen como las planeamos hace 10 años, pero eso es la vida misma; transformación, cambio, aprendizaje. Si no dejamos que las experiencias de la vida moldeen nuestro camino, nuestra perspectiva y nuestros sueños, significa que no estamos viviendo a profundidad y plenitud, pues nadie que experimente la vida conscientemente queda indiferente a las circunstancias del camino. A veces no es cambiar 100% nuestros sueños, sino simplemente seguir acomodando la vela de nuestro barco según lo que nos resuene y haga ser felices en ese momento de la vida.

Este texto es sólo una invitación a ser nuestra esencia, pues espero que todos vivamos nuestras vidas priorizando lo que nos hace felices, de tal forma que si nos morimos mañana no digan de nosotros "qué lástima que haya muerto sin haber vivido su vida por haberla aplazado por lo que siempre pareció ser más urgente".

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Una carta para un abuelo

Hace poco me crucé con un proyecto español llamado "una carta para un abuelo", donde uno puede escribirle una carta a una persona mayor que la recibirá en Navidad.

Me pareció una idea hermosa, pues soy consciente de lo difícil y solitarias que pueden ser estas fechas para algunas personas.


Así que me puse a escribir algunas cartas y me gustó tanto la idea que se las quiero compartir para que aprovechen estos últimos días antes de Navidad para enviar al menos una carta y así repartir alegría que es algo que el mundo realmente necesita.

https://adoptaunabuelo.org/una-carta-para-un-abuelo/

Me gustaría ver este tipo de proyectos en más partes del mundo...tal vez los haya y yo no los conozca. Así que si alguno tiene conocimiento, ¡me encantaría saberlo!

Todos podemos ser parte de proyectos que le brinden alegría a personas que lo necesiten. Hay de todo tipo de proyectos, es sólo buscar un poco y seguro que algo nos resuena en nuestro ser. Les invito a proponerse algun(os) acto(s) de generosidad, que la alegría de saber que se fue parte de la felicidad de otro es algo que nos trae felicidad a nosotros también.

Liberar nuestra esencia

La reflexión que me dejó "Atalanta, una novela" de Jennifer Saint

Hoy me terminé la novela de Jennifer Saint sobre Atalanta, la única mujer que navegó con los Argonautas en búsqueda del vellocino de oro y la reflexión que me dejó fue una que no me esperaba.

(El libro es bueno, así que antes de hablar de mi reflexión y llenar este texto de spoilers, les recomiendo leerlo. Si ya se saben esta parte de la mitología o simplemente quieren leer, bien puedan).

 

 

***

Estaba feliz con la historia de Atalanta como una mujer empoderada, que superaba a los hombres en talento, fuerza y destreza, me había parecido interesante el análisis de las mujeres que están en la historia (como Hipsipila o Medea), senti un leve anticlimax cuando la maternidad es vista por ella como un obstáculo - pero ésto es sólo un recordatorio que no tenemos que dar los mismos pasos en la vida, que no estamos hechos para las mismas cosas, y que aquello que a unas personas les hace felices para algunos puede no ser motivo de alegría alguna -. Pero el final del libro fue algo que me sacó por completo de base y me dejó pensando y reflexionando.

Antes de partir con los Argonautas, Artemisa le dice a Atalanta que el Oráculo predijo que de casarse se perdería a sí misma, motivo por el que Atalanta siguió reforzando su promesa a Artemisa que no tomaría a nadie por esposo, y fue una promesa que siguió siendo significativa en el transcurrir de los hechos como también lo era la vida y enseñanzas que le había brindado Artemisa durante su vida antes de embarcar en el Argo. Pero el libro concluye con Atalanta enamorada, casándose y siendo transformada en leona por la diosa Rhea al haberse dejado llevar por una pasión desenfrenada en su templo (castigo de Afrodita). En vez de sentirse maldita ella reflexiona "el Oráculo me advirtió que me perdería a mi misma, pero justamente lo contrario ocurrió. Soy más yo de lo que nunca he sido. Soy salvaje, soy libre. Soy Atalanta".

Esto me dejó pensando en todos los miedos y frenos que nos imponemos en nuestra vida por temores tanto propios como impuestos. En esas oportunidades que no tomamos por temor a lo que podría pasar. Pero, tal vez, son justamente esas transformaciones más profundas y revoltosas las que nos revelan quienes somos verdaderamente, las que nos permiten encontrar la libertad de ser nuestra esencia.

La invitación que me dejó el libro fue no sólo a apreciar esos logros grandes de la vida (Atalanta fue una excelente cazadora, una mujer que superó a cualquier hombre y parte del equipo de consiguió el vellocino de oro), sino también esos cambios grandes o pequeños que en el momento pueda que se sientan como un huracán o como detalles insignificantes de la vida, pero que al final del día van construyendo nuestro ser y nuestra esencia. Me invitó a lanzarme a esos retos que me atemorizan y a apreciar los que ya he superado, pues gracias a ellos soy quien soy.

Me hizo apreciar y agradecer la vida que tengo en el momento, porque aún cuando tengo mucho que aprender y a lo que ajustarme, el saber que tengo la forma de navegar y salir victoriosa por el simple hecho de seguir forjando mi esencia, ya hace que la vida valga la pena. Porque no vinimos a este mundo a hacer dinero u obtener títulos, sino a encontrar esos rayos de luz que nos brindan felicidad para seguirlos y brillar con luz propia al encontrar nuestra esencia.

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